Giovanni entre otras cosas era un infeliz con la capacidad de la memoria exacta. Podía recordar todo cuánto hizo, cuando lo hizo y qué hora lo hizo. Solía preguntarle cualquier cosa entre 1290 y 1751 (año en el que nací) y lo recordaba todo con lujo de detalles, tenía la memoria que cualquier historiador habría querido tener, pero el desgraciado solo se quejaba de su don, decía que había hecho cosas muy malas y que el peso de su conciencia era tanto más grande que todas las piedras juntas del Castillo de Leeds en el Condado de Kent, Inglaterra.
Giovanni era un vampiro ‘amigable’ he intentó instruirme en los ‘buenos hábitos’ como él llamaba al hecho de consumir la sangre de los ratones para no lastimar a los mortales, no obstante yo podía salir de día a alimentarme como es debido, mientras él se quedaba dentro de su ridículo ataúd durmiendo; pude así conocer a la mayoría de los ‘Amos piadosos’ que existían en Europa.
Se supone que un vampiro crea a otro de su misma especie succionándole la sangre a un humano. Pues bien, eso se supone, ya que está en el Maestro (como se acostumbra llamar a quien te dio tu nueva vida) el poder de crear a más vampiros, es decir, no todos pueden mantener a nuestra especie y los que sí pueden prefieren comer alimañas rastreras antes que dañar a los ‘indefensos’ humanos. Ese era el caso de Giovanni, sin embargo, algo en mí según él, cautivó su atención y la sed mal aplacada por la sangre animal lo llevó a obsesionarse con la idea de poseer mi cuello entre sus dientes, supo desde el principio que yo renacería como un monstruo (según Giovanni eso éramos todos los vampiros), pero... la sed es la sed, su ponzoñosa voz hace crujir él estómago y un fuego horroroso quema detrás de la nariz, a través de toda la traquea y el esófago. No sé como pudo resistir esa tentación durante tanto tiempo. Él dijo que comenzó a estudiarme a los 16 años y esperó hasta mis 21 para transformarme.
El general de los vampiros ama a sus Maestros y no es porque les abran la puerta a una ‘segunda oportunidad’ que resulta ser eterna, sino porque simplemente es como un padre a un amigo o, sencillamente como una pareja para el resto de la existencia. En mi caso odié a Giovanni desde el principio. Su auto denominación de ‘piadoso’ y ‘amable’ me enfermaba, era un tipo débil de carácter, demasiado recto y moralista, siempre hablando del bien y del mal y de que como chupadores de sangre nuestro juicio final seria tortuoso e inmisericorde. Sus constantes sermones me volvían loco y para equilibrar la balanza yo lo desquiciaba diciéndole con tono altanero: “Pero si nosotros somos vampiros ¿por qué avergonzarse de nuestros hábitos alimenticios?” . Nuestras peleas eran cosas de todos los días, mas él me tranquilizaba tomándome el mentón con sus blancuzcos dedos, su expresión me daba asco, era como si con sus gestos quisiera seducirme y disuadirme de las ideas que tenía. Luego de mirarme bien, con ojos entrecerrados tomaba mis manos las acariciaba un rato y después acariciaba mi rostro para que finalmente me dijera “Algún día lo entenderás... los humanos tienen mucho que ofrecer, es por eso que te esperé tanto tiempo” besaba mi frente y se marchaba.
En sí Giovanni no era un tipo al que seguramente en vida todas las mujeres se pelearan. No, mas bien era tosco, de nariz aguileña y de cara estirada, pelo negro y brillante como el carbón, con una expresión de aburrimiento general, como si sus ojos lo hubiesen visto todo en el mundo. Pienso que su cara displicente era lo que más me repelía porque era como ver a un conde tratando de enamorar a un niño pequeño, su imagen aun la tengo grabada en mi cabeza y cada vez que la recuerdo el aborrecimiento y la repulsión que me provocaba cuando él existía me cogen una vez más.
Recuerdo como murió... era de noche y teníamos que ir a comer. El bosque estaba oscuro, pero los vampiros se manejan mejor en la oscuridad. Acechábamos un nido topos, los búhos ululaban y el cielo estaba cubierto por nubes densas. Yo estaba desinteresado en la caza como siempre y él observaba. Creo que estábamos en uno de los bosques que abundan alrededor de los pueblos de América del Sur. De un momento a otro atacó, mató a unos seis o siete animales y a uno certeramente lo mordió en la yugular haciendo que la sangre comenzara a manar desde el cuello de la criatura agonizante que de paso, dibujó una hermosa línea en los labios de Giovanni.
Ver ese cuadro hizo que algo en mí se estremeciera de placer. Poco a poco fui sintiendo un desconocido goce en la rigidez que embargaba mi cuerpo en ese instante, deseaba la sangre de los labios de Giovanni y solo me basto pensar en aquello cuando me vi frente a frente con él con ojos sorprendidos a causa de la rapidez con la que había corrido el tramo de 6 metros que nos separaba. No sé cuál era mi expresión, pero creo que sonreía sádicamente. Alce mi mano hasta tocar con la punta de mis dedos el espeso liquido carmesí en el rostro de Giovanni, lo miré por un momento como queriendo descubrir su secreto y luego lo lleve hacia mi boca para probar su sabor, esto me provocó una sensación indescriptible: la pasionalidad del deseo recorrió todo mi cuerpo en una milésima de segundo. Mis vellos se erizaron, mis músculos se contrajeron y comencé a sudar frío, sé que mis ojos cambiaron de color del normal café claro a un tono más burdeos, ya que Giovanni (que solo sonreía como complacido) me preguntó por ellos. El muy estúpido rió por lo bajo lanzándome un topo aturdido a las manos y se volteo tratando de encontrar una estrella en el cielo nublado. Sostenía otra criatura en su mano derecha como si se tratara de una fruta cualquiera cuando oyó el crujido de la espina dorsal del pequeño animal que acababa de pasarme. Yo vacié al topo en unos segundos y cuando ya no había ni una sola gota en él, corrí hacia Giovanni quien se había dado cuenta de que por primera vez en la ‘vida’ mi sed se había declarado...
domingo, 24 de mayo de 2009
jueves, 21 de mayo de 2009
Cáp. 1: Explicaciones Introductorias...
Para que sepas querido lector, nosotros somos de distintas clases y orígenes mas, todos tenemos algo en común: tarde o temprano probaremos de alguna criatura indefensa el dulce elixir que recorre tus venas en este preciso instante. No obstante, a muchos les da pena arrebatar la vida a los seres humanos y por eso piensan que degollando ratas, osos, perros y otras especies el perdón divino será menos esquivo con ellos; estos tipos son de lo más repugnantes y siempre se andan con el cuento de ‘¿Quién soy?¿Que hago?¿Por que lo hago?’ pertenecen a la manga de infelices que se le cataloga como Amos piadosos o Vampiros amigables. Por otro lado, estamos los 'Catadores de cepas Humanas' o también conocidos como Vampiros Antropófagos, debo decir que esta rama de nuestra clase es mucho más variada que la de los imbéciles anteriormente descritos. Solían haber grupos que arrasaban con pueblos enteros y luego maltratan un poco los cadáveres para culpar al brote de alguna enfermedad; otros solo viven apartados de los humanos esperando ocultos entre las sombras de algún callejón sin salida a que algún borracho se les acerque… ¿sabes querido lector? Este tipo de seres podrían ser la raza de chupadores de sangre más detestada dentro de nuestros grupos, ya que generalmente se trata de vagos desarrapados y pestilentes… supongo que ya intuyes el por qué, recuerda estimado lector que la sangre se descompone rápido.
Mi clase ‘vampiresca’ es más bien solo un experimento, puesto que soy el único que conozco que vive, si se puede decir así, como yo lo hago. Mi ritmo circadiano se diferencia de los demás de mi clase porque poseo una cualidad particular: puedo caminar en presencia de la luz solar… bueno, bueno, no es tanto como un don muy especial, muchos de nosotros son capaces de hacerlo y por lo mismo, muchos están malditos por eso (como el caso del vampiro egipcio que hace mucho conocí. Su extraño caso de maldición es que podía como no podía ser. Podía morir, pero si uno de los rayos del sol cubría su cuerpo inerte, la osamenta descompuesta empezaba a crear tejidos nuevos y volvía a la vida otra vez. Creo que ese niño, porque seguramente más de 12 años no aparentaba, es el antropófago más viejo que he conocido. Su maldición, según me contó, data de la era en que la gran pirámide de Keops se edificó). Soy inmortal, camino de día y bebo sangre humana, pensaras que es muy evidente mi incapacidad para acercarme a ustedes por mi dieta a base de plasma y glóbulos rojos y entonces estas a salvo de mi crapulencia… no seas ingenuo. Lamentablemente me veo en la obligación de hacer una semejanza entre mi apetito y el de una garrapata, no soy una bestia sedienta de sangre todo el tiempo e, igual que una garrapata, pueden pasar años a veces, siglos enteros sin que la sed se me declare y el ansia de destrucción se convierta en la pasión que nuble mi conciencia impidiéndome el control total de mis sentidos, por lo mismo puedo ser el que menos esperas. Yo no me escondo de nadie, ni siquiera de los de tu clase que a veces nos dan caza y, otras se cazan entre ellos… ¡Escucha bien mamífero racional con cuello débil y cautivadores movimientos! Tu realidad penosa me llama poderosamente la atención y es por eso que parte de mi existencia la dedico a estudiarte. Corre todo lo que quieras y cúbrete cuanto más mejor, pero debes aceptar que eres presa y en este momento puedo estar loco de hambre, acechándote desde algún rincón de tu pieza o entre la multitud que te acompaña en el transporte publico, en la biblioteca o en tu propio lugar de trabajo. Me mezclo entre ustedes y ni lo notan… estoy cerca de ti… ¡cuidado! Jamás nos hagas caso cuando decimos que no te haremos daño… nunca sabrás lo que estamos preparando para la cena…
Respecto a los mitos que nos atañen a los de mi especie, puedo decir que somos tan variados que más de alguna de las leyendas deben ser ciertas. En mi paso por este mundo he conocido a muchos de mi clase y, para informar al lector me encuentro en el deber de escribir que hay veces en que las leyendas se hacen modas entre nosotros. Por ejemplo: durante la Edad Media, me contaba un compañero la otra noche, se estilaba alejarse de los crucifijos como una forma de darles una oportunidad de esperanzas a los humanos arrinconados en las iglesias; decía que les causaba una gracia muy grande ver la ingenuidad con que los feligreses se aferraban a las cruces de sus rosarios, según él, la lucha por convencerse de que Dios los ayudaría para superar aquellos embates, hacia el festín mucho más pintoresco.
En el Renacimiento, los ataúdes eran baratos catres y como la vida debía ser más austera por las condiciones salubres de nuestras presas (según dicen algunos vampiros, hubo un brote de una enfermedad muy potente que solo afectaba a los antropófagos que se alimentaban de ciertos hombres portadores de la infección. La bautizaron como 'Louphus' y consistía en que a los vampiros les empezaba a salir abundante pelo durante las faces de la luna llena perdiendo el control sobre sus movimientos. La conciencia se les nublaba y ya no median las consecuencias de sus actos publicos. Se transformaban en verdaderas bestias no razonables. Así surgió la leyenda del Hombre Lobo y su supuesta enemistad con los vampiros) y la indiscriminada caza de seres sobrenaturales, se reunían en las catacumbas y podían pasar años antes de que alguien supiera nuestro paradero.
Hoy por hoy esos mitos se han ido perdiendo, supongo que es a causa de que nuestros ataques deben ser mas disimulados y escasos porque, a parte de todos los registros gubernamentales y burocráticos que se poseen de un mortal también esta el hecho de que muchos de nosotros se han convertido en exterminadores de alimañas humanas como drogadictos, vagos, borrachos y... suicidas.
Cada vampiro tiene algo que es distinto a los demás: maldición, forma de vida, calidad alimenticia, capacidad suprasensorial, etc. Por ejemplo hace mucho conocí a un sujeto que podía leer la mente tanto de vampiros como de humanos y, casualmente su ‘pareja’ tenia la capacidad de bloquear los embates psíquicos. Otro que sufría de ataques de epilepsia cada vez que una guerra iba a estallar (ni me pregunten como paso el siglo XX durante las guerras mundiales y durante la Guerra fría) y a otra que padecía de lapsus profeticus, es decir, cada cierto tiempo veía imágenes del futuro. Sin embargo, por mi parte lamento decir que hasta ahora no he encontrado nada particular en mi a excepción de la extraña capacidad que me asemeja a una garrapata y que me permite sobrevivir (no muy bien, pero lo hace) a base de comida humana. No obstante cuando la sed me sobreviene, la locura y el hambre de caos no se detiene hasta saciarse por completo. Debo admitir que, por lo mismo he cometido muchos asesinatos y otros tantos crímenes, pero hubo uno en especial que repercutió hasta la fibra más profunda de mí ser, pero ¿Para que adelantarnos tanto en el hilación de esta historia? ¿Acaso no es mejor ir deshilvanándola lentamente? ten paciencia lector... ten paciencia.
Soy un antropófago joven, más de 250 años no debo tener y de apariencia mmmh!... unos 21 años, 25 como máximo. Mi origen se remonta a la época napoleónica, no recuerdo quien fui hasta mi nacimiento a mi otra vida, por lo tanto mi infancia es solo un sueño, un mero cuento que inventé para presentarme ante los desconocidos y mezclarme entre ustedes...
Lo que si recuerdo es a Geovanni... el maldito creador de mi conciencia inmortal.
Mi clase ‘vampiresca’ es más bien solo un experimento, puesto que soy el único que conozco que vive, si se puede decir así, como yo lo hago. Mi ritmo circadiano se diferencia de los demás de mi clase porque poseo una cualidad particular: puedo caminar en presencia de la luz solar… bueno, bueno, no es tanto como un don muy especial, muchos de nosotros son capaces de hacerlo y por lo mismo, muchos están malditos por eso (como el caso del vampiro egipcio que hace mucho conocí. Su extraño caso de maldición es que podía como no podía ser. Podía morir, pero si uno de los rayos del sol cubría su cuerpo inerte, la osamenta descompuesta empezaba a crear tejidos nuevos y volvía a la vida otra vez. Creo que ese niño, porque seguramente más de 12 años no aparentaba, es el antropófago más viejo que he conocido. Su maldición, según me contó, data de la era en que la gran pirámide de Keops se edificó). Soy inmortal, camino de día y bebo sangre humana, pensaras que es muy evidente mi incapacidad para acercarme a ustedes por mi dieta a base de plasma y glóbulos rojos y entonces estas a salvo de mi crapulencia… no seas ingenuo. Lamentablemente me veo en la obligación de hacer una semejanza entre mi apetito y el de una garrapata, no soy una bestia sedienta de sangre todo el tiempo e, igual que una garrapata, pueden pasar años a veces, siglos enteros sin que la sed se me declare y el ansia de destrucción se convierta en la pasión que nuble mi conciencia impidiéndome el control total de mis sentidos, por lo mismo puedo ser el que menos esperas. Yo no me escondo de nadie, ni siquiera de los de tu clase que a veces nos dan caza y, otras se cazan entre ellos… ¡Escucha bien mamífero racional con cuello débil y cautivadores movimientos! Tu realidad penosa me llama poderosamente la atención y es por eso que parte de mi existencia la dedico a estudiarte. Corre todo lo que quieras y cúbrete cuanto más mejor, pero debes aceptar que eres presa y en este momento puedo estar loco de hambre, acechándote desde algún rincón de tu pieza o entre la multitud que te acompaña en el transporte publico, en la biblioteca o en tu propio lugar de trabajo. Me mezclo entre ustedes y ni lo notan… estoy cerca de ti… ¡cuidado! Jamás nos hagas caso cuando decimos que no te haremos daño… nunca sabrás lo que estamos preparando para la cena…
Respecto a los mitos que nos atañen a los de mi especie, puedo decir que somos tan variados que más de alguna de las leyendas deben ser ciertas. En mi paso por este mundo he conocido a muchos de mi clase y, para informar al lector me encuentro en el deber de escribir que hay veces en que las leyendas se hacen modas entre nosotros. Por ejemplo: durante la Edad Media, me contaba un compañero la otra noche, se estilaba alejarse de los crucifijos como una forma de darles una oportunidad de esperanzas a los humanos arrinconados en las iglesias; decía que les causaba una gracia muy grande ver la ingenuidad con que los feligreses se aferraban a las cruces de sus rosarios, según él, la lucha por convencerse de que Dios los ayudaría para superar aquellos embates, hacia el festín mucho más pintoresco.
En el Renacimiento, los ataúdes eran baratos catres y como la vida debía ser más austera por las condiciones salubres de nuestras presas (según dicen algunos vampiros, hubo un brote de una enfermedad muy potente que solo afectaba a los antropófagos que se alimentaban de ciertos hombres portadores de la infección. La bautizaron como 'Louphus' y consistía en que a los vampiros les empezaba a salir abundante pelo durante las faces de la luna llena perdiendo el control sobre sus movimientos. La conciencia se les nublaba y ya no median las consecuencias de sus actos publicos. Se transformaban en verdaderas bestias no razonables. Así surgió la leyenda del Hombre Lobo y su supuesta enemistad con los vampiros) y la indiscriminada caza de seres sobrenaturales, se reunían en las catacumbas y podían pasar años antes de que alguien supiera nuestro paradero.
Hoy por hoy esos mitos se han ido perdiendo, supongo que es a causa de que nuestros ataques deben ser mas disimulados y escasos porque, a parte de todos los registros gubernamentales y burocráticos que se poseen de un mortal también esta el hecho de que muchos de nosotros se han convertido en exterminadores de alimañas humanas como drogadictos, vagos, borrachos y... suicidas.
Cada vampiro tiene algo que es distinto a los demás: maldición, forma de vida, calidad alimenticia, capacidad suprasensorial, etc. Por ejemplo hace mucho conocí a un sujeto que podía leer la mente tanto de vampiros como de humanos y, casualmente su ‘pareja’ tenia la capacidad de bloquear los embates psíquicos. Otro que sufría de ataques de epilepsia cada vez que una guerra iba a estallar (ni me pregunten como paso el siglo XX durante las guerras mundiales y durante la Guerra fría) y a otra que padecía de lapsus profeticus, es decir, cada cierto tiempo veía imágenes del futuro. Sin embargo, por mi parte lamento decir que hasta ahora no he encontrado nada particular en mi a excepción de la extraña capacidad que me asemeja a una garrapata y que me permite sobrevivir (no muy bien, pero lo hace) a base de comida humana. No obstante cuando la sed me sobreviene, la locura y el hambre de caos no se detiene hasta saciarse por completo. Debo admitir que, por lo mismo he cometido muchos asesinatos y otros tantos crímenes, pero hubo uno en especial que repercutió hasta la fibra más profunda de mí ser, pero ¿Para que adelantarnos tanto en el hilación de esta historia? ¿Acaso no es mejor ir deshilvanándola lentamente? ten paciencia lector... ten paciencia.
Soy un antropófago joven, más de 250 años no debo tener y de apariencia mmmh!... unos 21 años, 25 como máximo. Mi origen se remonta a la época napoleónica, no recuerdo quien fui hasta mi nacimiento a mi otra vida, por lo tanto mi infancia es solo un sueño, un mero cuento que inventé para presentarme ante los desconocidos y mezclarme entre ustedes...
Lo que si recuerdo es a Geovanni... el maldito creador de mi conciencia inmortal.
sábado, 2 de mayo de 2009
NiNFA eNTRe GaRRaS (prefacio)
En este lugar el viento es propicio para que las llamas se muevan como seres invertebrados ... La casa se está incendiando...
Tú corres para salvar un tesoro que aun no te pertenece...
Me encuentras...
La ves sin vida a mis pies... me recriminas:
- Hijo de puta !!! !!la mataste!! .. dijiste que no lo harías!... te odio!!!! -
Te he salvado la vida una y otra vez .
Te he guardado de las manos de la muerte para yo dártela a su debido tiempo y así estar con la persona que más he deseado por el resto de la eternidad...
Camino hacia ti.
Mi cara sádica reflejada en esos ojos... ¡Esos ojos!... te hago temblar, y yo sé que no es por miedo que tiemblas... es rabia.
Sin embargo, no lo dudas. Le das un tierno beso en la frente a la única luz de tu penumbrosa vida y tu mano se desliza cautelosa hacia los bolsillos de tu pantalón...
Sorprendentemente, te ríes en mi cara, no obstante, gruesas lágrimas inundan tus ojos ¡Como me enervan esas gotas desgraciadas!...
Afuera el viento ruge, la fuerza del destino de la que tanto quisiste escapar alguna vez sabe lo que harás... grita, gime y se recoge por su impotencia para impedirlo... esa imposibilidad de mantenerte bajo sus molestos designios... y como siempre, soy el ultimo en percatarme del fin de tus acciones... lo que estas apunto de hacer... tu no-pertenencia a este mundo te llama y esta vez debes obedecerla.... simple sentido común...
Es hora de que te hundas por fin en las oscuras aguas que alguna vez nos juntaron.
¡Déjala ir! grita una voz interna que no alcanzo a entender del todo. Son muchos intereses los que están en juego, sin embargo el único que logro distinguir es el mio ¡noooooo!, mi alma se enfurece... pero, Ser Silvestre, ya no estas y te disuelves en el vaho de tus decisiones apresuradas... suenan muchas voces dentro de mi cabeza, pero la ultima que logro a escuchar es:
¿Y qué es lo que ahora me queda?
Yo no fui el que quiso que esto pasara... lo sabías bien, pero no soy yo el que se maldijo a sí mismo con esta naturaleza estigmatizada y movida por las ansias de beber... No obstante, esta historia debe contarse desde el principio... y partes sabiendo, lector, que este cuento lo narra un antropófago... así es, un Vampiro.
Tú corres para salvar un tesoro que aun no te pertenece...
Me encuentras...
La ves sin vida a mis pies... me recriminas:
- Hijo de puta !!! !!la mataste!! .. dijiste que no lo harías!... te odio!!!! -
Te he salvado la vida una y otra vez .
Te he guardado de las manos de la muerte para yo dártela a su debido tiempo y así estar con la persona que más he deseado por el resto de la eternidad...
Camino hacia ti.
Mi cara sádica reflejada en esos ojos... ¡Esos ojos!... te hago temblar, y yo sé que no es por miedo que tiemblas... es rabia.
Sin embargo, no lo dudas. Le das un tierno beso en la frente a la única luz de tu penumbrosa vida y tu mano se desliza cautelosa hacia los bolsillos de tu pantalón...
Sorprendentemente, te ríes en mi cara, no obstante, gruesas lágrimas inundan tus ojos ¡Como me enervan esas gotas desgraciadas!...
Afuera el viento ruge, la fuerza del destino de la que tanto quisiste escapar alguna vez sabe lo que harás... grita, gime y se recoge por su impotencia para impedirlo... esa imposibilidad de mantenerte bajo sus molestos designios... y como siempre, soy el ultimo en percatarme del fin de tus acciones... lo que estas apunto de hacer... tu no-pertenencia a este mundo te llama y esta vez debes obedecerla.... simple sentido común...
Es hora de que te hundas por fin en las oscuras aguas que alguna vez nos juntaron.
¡Déjala ir! grita una voz interna que no alcanzo a entender del todo. Son muchos intereses los que están en juego, sin embargo el único que logro distinguir es el mio ¡noooooo!, mi alma se enfurece... pero, Ser Silvestre, ya no estas y te disuelves en el vaho de tus decisiones apresuradas... suenan muchas voces dentro de mi cabeza, pero la ultima que logro a escuchar es:
¿Y qué es lo que ahora me queda?
Yo no fui el que quiso que esto pasara... lo sabías bien, pero no soy yo el que se maldijo a sí mismo con esta naturaleza estigmatizada y movida por las ansias de beber... No obstante, esta historia debe contarse desde el principio... y partes sabiendo, lector, que este cuento lo narra un antropófago... así es, un Vampiro.
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El Narrador
Alexander Chaucer. 1751- ¿? (2da vida)