Maximilian se me acercó y se agachó para verme el rostro:
- Ahora sí me dirás ¿Por qué es tan importante esa mocosa? –
- Max – eso sonó desinflado – tu sabes… lo de siempre… qué otra cosa puede ser… - dije en un largo suspiro.
Mi compañero observó mis ojos como tratando de descubrir qué era lo que me pasaba.
- No mientas, Alex, sabes que yo puedo saber lo que te pasa y sé perfectamente que si fuera porque ella tiene en sus venas una 'cepa' de gran calidad no estarías tan desvaído como estas ahora -
¡Oh, Max! ¿Cuánto podías aguantar el dolor? En mi interior sabía que tú eras especial y que tú sensibilidad fuera de lo común era casi un regalo para mí, lástima que rechace el contacto con ella, lástima para ti ser el único compañero verdadero del vampiro más despreciable que alguna vez nació.
Dejé caer la cabeza entre las manos y por un momento fui el retrato vivo del desconsuelo. Max hizo un ademán que no alcancé a ver por mi postura,no obstante pude observar que estaba indeciso entre irse o quedarse.
-¡Sabes! – Gritó, ya harto de verme sin decir nada - ¡No soporto esto! ¿Dónde quedó ¡Alex! El vampiro orgulloso y pagado de si mismo? ¿Acaso una nenita quinceañera pudo contra él? - bufó con desprecio - ¡qué patético!
No cambié de postura, pero me enfadé. Max no sabía que podía cambiar de ánimo rápidamente o, quizás, sí lo sabía y quería que lo hiciera… en todo caso si me hacía enfurecer no respondería por mí mismo si lo atacaba.
-¡Uh! ¡Mírate por favor! – dijo claramente indignado - ¿Qué tiene esa mocosa que te hace actuar como un enamorado despechado?- su tono burlón otra vez, por un momento me pareció chistoso que Max hablara como si tuviese celos de Charlotte, de hecho al momento de empezar a hablar otra vez, me pareció que diría esa típica la frase cliché que dice algo como: “¿Qué tiene ella que no tenga yo?”, por poco casi dejo escapar una carcajada frete a su cara. Por lo menos ya no estaba furioso.
-¡¿Y ahora sonríes?! – Max captó que alguna idea graciosa se me cruzó por la mente e indignado por mi volubilidad gritó- ¡eres insoportable! – levanté la mirada manteniendo mi sonrisa y descubrí a un vampiro con cara de bochorno mezclado con furia impostada. Recuerdo también, haberme reído levemente ¡Por fin había vuelto a ser yo! Alexander Chaucer, antropófago por excelencia, rebosante de confianza lejano al dolor ajeno y de rápidas respuestas mordaces.
- Ja aja jaj ¿Celoso Maximilian?- ahora era su cara la que reflejaba ese tipo de sorpresa que solo sale a la luz cuando te descubren haciendo algo malo.
- ¿Po… por qué dices eso?- tartamudeó; un signo claro de debilidad.
- Sólo preguntaba - el reflejo de los vidrios de la vitrina era claro a esa hora… mi sonrisa picara hacía de las suyas en la moral trastornada del pequeño Max – mmmh! ¡Por nada! - repuse jovial - ¡En fin! creo que ya es tarde… me iré a dormir – salté de la silla con un gran bostezo – buenas noches… Maxi-bu – traté de que mi voz sonara melosa y así fue, tuve el tono de una quinceañera enamorada. Caminé hacia mi cuarto y al pasar junto a mi compañero no reprimí el impulso de darle una nalgada a lo que él respondió con un estremecimiento.
-Buenas noches… Alexander – cerré la puerta tras de mí…
En esto no puedo mentir; la verdad es que no tenía ni pizca de sueño, tampoco hambre y menos ansias de sangre y violencia compulsiva. Me tendí sobre la cama mirando hacia el ventanal y contemple la ciudad de New York cobijada por la tonta oscuridad de las 3:05 de la mañana. Era impresionante ver cuanta luz podía existir durante la noche, bien merecido tenía el sobrenombre ‘de la ciudad que nunca duerme’ este lugar. Millones y millones de ampolletas incandescentes dibujaban caminos y diversas líneas por aquí y por allá.
Sin más, me levanté al sentir el clic del interruptor en la pieza de junto; Maximilian ya debería estar acostado con la almohada sobre la cabeza y si yo era lo suficientemente silencioso él no notaría que me había ido ha dar un paseo, no quería salir de mis aposentos y encontrar su rostro lleno de suficiencia dejando otra vez en evidencia mi obsesión, que ya tomaba forma de ansiedad por algo que, seguramente, no ocurriría dos veces.
La puerta de acceso me pareció ajena y diferente cuando la cerré cuidadosamente tras de mí. Las luces del corredor me trajeron recuerdos atropellados y por un momento la vi a ella bajo el destello azuloso de la ampolleta del baño. Procuré llegar rápido al ascensor; era una tortura seguir mirando esa incandescencia. No podía creer cuanto poder le otorgaba a aquellos recuerdos, cuanto poder le di a esa muchacha sobre mi, sobre todo lo que conocía; su esencia lo absorbía todo y cuanto más me obligaba a dejar de lado esos patéticos pensamientos más se hundía en mí el puñal de su ausencia.
Dentro del ascensor tuve un leve ataque de claustrofobia, nada porque preocuparse, pero por un instante me vi atrapado dentro de una caja milimétrica de la que no podía escapar… un lazo al cuello o un nudo en la garganta seca, ardor en mis ojos como si algo quemara las retinas desde adentro, frío en la espalda y dentro de mi tórax ¿Qué eran todas esas sensaciones horrorosamente recurrentes? Esto parecía sacado de la novela de Laura Esquivel: “Cómo agua para chocolate” y lo peor, no era que se trataba de una historia románticamente cursi, sino que yo me sentía apremiantemente representado por la protagonista del dichoso relato. Asqueado de mi mismo, consideré la agobiante necesidad de abrir mi pecho y estrujar lo que fuera que estuviera provocando esa sensación de isla y vacío que me carcomía como solo los deseos negados lo hacen: cual bestia moribunda que golpea las paredes de mi cuerpo buscando vestigios de status quo (Más que cursi...casi esquizo)
Me dejé llevar por mis pies, es decir, los dejé libres de todo control conciente mientras la mente corría a resguardar los rescoldos de cordura asediados por la angustia inescrupulosa.
-¡Soy un animal! – me decía tratando de convencerme -¡Una bestia sin alma!¡un ente móvil por la sed y el hambre!- sin embargo, a pesar de todas las cosas que intentaba meterme en la cabeza, mis pensamientos jugaban conmigo una y otra vez haciendo preguntas que me confundían más y más - ¿un animal? ¿Una bestia?...¿ese eres en verdad tú, cazador? ¿Qué eres, cazador? ¿Quién o qué es tu única e innegable identidad? –
Caminaba con grandes y nerviosas zancadas, casi parecía que algún familiar mío estaba en su lecho de muerte. Mis ojos desorbitados y la presión en la cabeza me daban un aspecto de orate recién escapado de algún manicomio. Me llevé las manos a las sienes tratando de apretar lo que fuera que me estuviera provocando esa sensación de una bomba a punto de estallar en mi cráneo. Todas las palabras de Maximilian me daban vueltas y todas las imágenes que había recolectado esos tres últimos días de perdición, se repetían y repetían ante mis ojos, apenas dejándome ver los carteles de los nombres de las calles por las que estaba caminando. Todo retumbaba a mi alrededor, mis pasos sobre la acera, mi piel rozando la ropa que llevaba puesta con cada movimiento, hasta mis propios jadeos eran un ruido insoportable. Iba sin rumbo fijo aplanando calle por los caminos neoyorkinos, sujetando mi cabeza, puesto que sentía que en cualquier momento esta rodaría por el suelo alejándose con aullidos dolor… pero todo este show fue inútil, el destino quería que yo siguiera sorteando obstáculos… quería que yo me carcomiera aun más con sus crueles designios… ya que … sin quererlo, sin si quiera pensarlo por un minuto… mi plañidero andar se topó con el peor de los escollos que con el que pudo hacerlo…
<<...¡Fuck!...>> Pensé cuando el camino desapareció en frente. Traicioneramente mi inconciente había actuado tomando el control de los guías bajos… mis pies. La realidad era caprichosa y esta vez fue fría, sino sádicamente cruel al restregarme en la cara la imagen del Puente Hudson: el lugar donde la vi por primera vez.
Rápidamente, mis pensamientos confluyeron recreando toda la trama ocurrida en aquel escenario, desde mi habitual paseo hasta el deliberado salto que di para salvar al receptáculo de mi obsesión de las aguas oscuras que ahora corrían furiosas bajo el puente. Quise apartar la vista pero hacia donde la redirigiera estaba esa poderosa sensación de vacío que cruzaba todo mi cuerpo: Hacia arriba, estaba ella con su oscura cabellera al viento; hacia la derecha, estaba ahí parada sobre la baranda bailando sin cesar el inaudible himno de su decisión; hacia la izquierda, estaba ella durmiendo mis brazos completamente mojada y apenas con vida… y, hacia abajo, Charlotte se mezclaba en la trémula humedad del río…
Comprendí entonces que, algunos de los restos de su propia alma se juntaron homogéneamente con los designios de mi propio destino, que había me atrapado con dedos etéreos y me ataba a ella cual mascota... comprendí que si quería salir de aquel agujero donde me había lanzado tan sutilmente al momento de dirigirle la palabra por primera vez, debía encontrarla… no importaba cuanto me costara, pero debía hacerlo.
Fue toda una revelación recuerdo, al menos algo estaba sacando en claro y luego de que algunas frases sueltas de mi ultima conversación con Max atravesaran cual rayo mis pensamientos, podía ufanarme de tener un plan que me diera resultados del paradero de la chica a quien buscaría como enajenado los próximos meses… ¡Já! En mi memoria no reposan las cosas que hice inmediatamente después de dar con una respuesta a la pregunta de cómo encontrarla, solo poseo imágenes difusas de mí subiéndome al barandal riéndome como el psicópata que era ya que al fin tenia un plan de lo que haría de mí los próximos días, meses, tal vez años de mi existencia.
“…Alex, no seas melodramático… Charly esta bien, se encuentra en su casa y va a la escuela pública…”
Recorrería cada una de las apestosas instituciones educacionales de la cuidad ¿Cuántas podrían haber? ¡Y qué importaba! El tiempo para mí no era algo de mucha trascendencia de todas formas.
- ¡¡¡jajá jajá!!! ¿Escuchaste destino? ¡No me la quitaras tan fácilmente! – era tarde (o muy temprano… el cielo ya estaba empezando a aclarar) debía volver al departamento si quería que Maximilian me encontrara allí cuando despertara.
4 comentarios:
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! MALDITO PC SE QUE APAGA A CADA RATO >:(
Aquí otro capitulo de Ninfa entre Garras ^^, donde Alexander demuestra que no por nada saltó al río a media noche para salvar a la tal Charlotte (a quien, por cierto, verá denuevo en un par de millones de capitulos mas... por lo menos en lo que respecta a como se dividen los capitulos en el blog y quien pronto nos visitará en este espacio.. o eso espero por que enserio puede ser un fastidio la mocosa de 15 ¬¬)
Dudas consultas??? pues sí!! Alexander se subió a la baranda a reirse como loco (lo hubiesen visto, daba miedo :s) y luego empezo a bailar gritando mil tonteras!!!
Alex: ¬¬ exageras!!! yo no baile gritando estupideses ò.ó
Kuriray: si lo hiciste!!y no mientas!!!
Alex: ¬¬*
Kuriray: tambien nalgueaste a Max O.O...
Max: ¬///¬ si, me dolio, ¡¡¡brabucón ò.ó!!!
Alex: fue un impulso lo juro!!! o///oU
Kuriray: una fan (si es que se puede llamar así ¬¬) dice que golpear a Maximilian es chistoso por que como que el es el payasin de la historia
Max: A claro!! como este brabucon no les pega a las fans!!! no captan el dolor que hay detras de cada escena violenta T.T bujubujubuju!!!
Alex: jojo!!(_cute)
Kuriray: no te preocupes Max! acuerdate que la que escribe aquí soy yo... ijojjoj!!! así que pronto podras ver a alex magullado
Alex: ¡Já! quien me va a golpear a mi, soy el protagonista y...
(KURIRAY LO INTERRUMPE A MITAD DE LA FRASE)
Kuriray: y no trabajas bajo contrato sino que bajo mi gran poder muajajaj!!!! (le salen llamas por detras y una musica de conquista se hace presente) ademas creo que con el gran final que te espera no te quedaran ganas de ufanarte de tu fuerza vampiresca
Alex: pero pero!!!
Kuriray: lo lamento, querido Alex, pero tu historia todo el mundo sabe que no term.... ¡oko! mejor no les digo por que seria muy... ehhh... mmmm...ehhh... no me acuerdo como era esa palabra que decia la nati....¿poiler? ¿toiysder?
Max y Alex: "spoiler" ^¬¬?
Kuriray: sii!!!! eso... asi que mejor no les cuento del final. jojojoj
Max: esto de ser ente hipotetico sujeto a los caprichos de una loca de 19 años con la mente mas que rayada con las historias de Paradise kiss... es demasiado diabólico ¬¬
Alex: see, toda la razon u.u!!
Feñaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
ahahah Sí, acá estoy el famoso comentario ausente.
Bueno, debo decir que para haber leído 2 capítulos al hilo no se me hicieron largos y no me aburrí, de hecho me metí mucho en la historia^^
Por qué metiste a Laura Esquivel en todo esto ¬¬ no me gusta ese libro >.<!! xD
Entonces ahora lo que sigue es que Alez se dedicará a buscar a Charlotte y como dices la encontrará como en el capitulo 112
xD Será el equivalente a los supercampeones que se demoraban como 10 capitulos en llegar al arco, porque la canha era eterna xD
Ya me voy =) sigue así, de verdad está entrete leerte
besiiis!
Wn, cacha que escribí AleZZZZ xD Me zalió españolao!
y escribí canha, como medio portugués :S
Era Alex y cancha, tu cachay, el calor xD
Meti a laura ezquivel por que en una parte de toda su mugrosa historia aparece algo que puede resultar parecido a lo que sentia AleXXXXXXXXX!!! esa parte en donde tita, luego de ver junto al amor de su vida (el h..d..p que se hace llamar Pedro) como su hermana se va con el soldado cabalgando en bolas (pelotas, a lo natural si quieren) ella mira el cielo y dice que en una de esas la luz que se refleja en ellas puede hacer que un poco del calor de su hermana llene su frío corazón ya que Pedrito (maldito pedazo de mierd...) se casa con su hermana... ¬¬ toda esa descripción que hace Tita de como se sentía (por ejemplo lo del pastel de bodas y todo el web que hubo allí) me gusto mucho así si mal no lo recuerdo fue por eso que metí a Ll. Ezquivel allí... bueno y ademas por que no me acordaba de la trama de ninguno de los otros dos libros de ''amor'' (o que se podrían considerar de ese género) que he leído: Cumbres borrascosas y Orgullo y prejuicio (que mas bien no leí sino que ví en el colegio como peli)
Publicar un comentario