Al dar los dos primeros pasos, escuché cómo la puerta del baño se abría rápidamente tras de mí. Seguramente Charly aprovechó de revisar todo con un fugaz vistazo para asegurarse de que yo estaba lo suficientemente lejos como para ver qué era lo que pasaba afuera, luego vio la ropa tirada en el suelo y tomándola volvió a cerrar la puerta. Sonreí complacido.
-¡Son las 6:45!- grité desde el living.
-¡Rayos!- se escuchó decir desde adentro del baño, seguido de movimientos rápidos.
-¿Estas bien?- dije acercándome a la puerta. Me Apoyé en la pared esperando su respuesta y al hacerlo la puerta cedió como si hubiese dicho un conjuro al igual que Alíbaba y como me tomó por sorpresa, me alejé de un sobresalto.
Ella salió del cuarto bañada por la luz fluorescente diciendo:
-Estoy bien, solo tengo un poco de hambre – traía puesta la camisa y el pantalón de buzo. Su pelo alborotado y su cara con un halo soñoliento, cabizbaja y meditabunda… cualquiera hubiese dicho que habíamos compartido mucho más que solo palabras…
-Luces adorable- comenté sin pensar con una sonrisa en los labios. La miré a los ojos y ella exhaló con simpleza:
- No lo sé, jamás me ha sentado andar con ropa de hombre –
Estaba a 50 centímetros de ella, no obstante, podía contenerme por alguna extraña razón que evitaba que mis instintos, acostumbrados a abalanzarse al primer estímulo, esta vez no afloraban… no por completo. Pude haber alzado la mano hasta su cuello, poseído por mi demonio que solo despierta para saciarse de la sangre de mis víctimas inocentes; pude haberla hecho pedazos, sólo me bastaba con empujarla contra la pared y arrebatarle la vida que manaba a montones por sus poros con solo un beso apasionado, para luego terminar plantando pistas e inculpando a alguno de mis vecinos como había hecho cientos veces antes… pude hacer tantas cosas, la oportunidad me ronroneaba y me seducía como una bailarina exótica, todo estaba al alcance de mi mano, pero si hubiese sido así, no habría historia que contar.
Le dí la espalda y me dirigí hacia la cocina para preparar algo de comer, mientras que ella se incorporaba emprendiendo la marcha hacia donde había estado Max hace solo un momento.
Saqué del congelador unas salchichas y un par de huevos ya que me quería lucir de cierta forma ante mi invitada ofreciéndole un platillo más sofisticado que el sencillo desayuno estadounidense: huevos fritos y tocino.
- espero que te gusten los omelettes – le anuncié dejando los ingredientes sobre la mesa con cara de gran espectación. Desde la silla de adelante ella me miro incómoda.
- Disculpa pero…-
- ¿Qué? ¿Qué pasa?- hizo una mueca que yo interpreté como asco.
- uf!- exhaló mirando hacia otro lado - soy vegetariana… no como carne, ni huevos y no tomo leche – terminó volviendo la cabeza hacia mí. Su voz sonaba avergonzada.
-¡Ouh! – exclamé. Era imposible que tuviésemos algo que no fuera de origen animal en el refrigerador, pero hice un intento y lo volví a abrir con mínimas esperanzas de encontrar algo que para ella fuera comestible y en mi angustia fui testigo de un milagro con forma de fruta: unas manzanas, una banana ennegrecida, un par de peras y un pedazo de piña estaban apiladas en un rincón de la nevera. << ¿Cómo demo...?>> Ahora que lo pienso era extrañísimo que tuviésemos esa clase de comida en nuestra casa, es decir ¿fruta? ¿En el departamento de un antropófago? ¡Más encima cuando Maximilian no come comida humana! (primero muerto supongo que diría) entonces debí haber sido yo quien compró eso… ¿pero cuando y por qué? Además odio las verduras y las frutas, mi apetito rechaza terminantemente todo lo que sea verde y a menos que las verduras estén salteadas para acompañar la carne con finas hierbas, las cosas con clorofila me parecen vomitivas. ¡Hey! ¡Soy un vampiro por favor! Quien quiera enseñanzas para enseñarles a comer espinaca a los niños puede consultar otra historia… quizás lo que decía Charly era verdad y el destino si existe: había preparado nuestra morada para recibir la llegada de esta encantadora criatura.
Terminé por hacer una ensalada de frutas y se la serví en un posillo de vidrio. Luego me senté en frente de ella y la vi pinchar el primer trozo de piña para llevarlo a su boca. Me sentí ansioso de ver su reacción ante mi primer platillo que no contenia ni un solo gramo de celulas animales y quizas por verla comiendo lo que en teória sería 'pasto', un pensamiento fugaz cruzó por mi cabeza: definitivamente esta niña es como un lindo y esponjoso conejito en las garras de un lobo hambriento…
Al masticar el ¿tercer? trozo de fruta me quedó mirando con cara de pregunta:
-¿No crees que deberías ir a ver cómo esta tu pareja, Alex? –
-¡OH! Disculpa, estoy incomodándote…
-¡No! Es que…- balbuceo algo que fue apagado por el ruido de mi silla al ponerme de pie.
-¡Tranquila! No tiene importancia. Tienes razón, iré a ver como esta Max… tú come con calma – caminé hacia el pasillo dándole la espalda a Charlotte, pero me detuve al ver la puerta de acceso al departamento: ambos estábamos a la misma distancia y ella sólo debía esperar a que entrara a la habitación de Max para correr, abrir la puerta y seguir corriendo hacía las escaleras de emergencia al final del pasillo para huir y salir de mi ‘vida’ para siempre. Sin embargo, aquello era imposible, una humana jamás le ganaría a un vampiro en una carrera de velocidad y me tranquilice pensando en que no sería tan descortés ni tan estúpida como para hacer eso. Seguí caminando y enfilé hasta el fondo donde la puerta de Max estaba junta y por la rendija se filtraba la luz azulada del farol que estaba afuera frente al departamento.
Descorrí la puerta que se movió con un chirrido grave recordándome, sea dicho de paso, a una de las casonas antiguas del siglo XIX en donde alguna vez viví. Maximilian estaba tendido boca arriba con la cabeza hacia los pies de su cama de dos plazas, todavía llevaba puesta su polera hecha jirones. Abrió los ojos al verme entrar y sin moverse para verme al derecho (ya que por su postura seguramente me veía de cabeza) dijo fingiendo algo de seriedad:
-¿Vienes a terminar el trabajo? -
- Vine a ver cómo estabas – contesté debatiendo en mi mente si cerrar la puerta tras de mí o no.
-¡Já! – Rió sin ganas- ¡Alexander preocupándose por los demás! - se incorporó sobre la cama dándome la espalada y volteó la cabeza con una sonrisa pícara en el rostro - ¡Quien diría que viviría para ver este momento! – exclamó altanero.
Desvié la mirada inquieto hacia el comedor: Charly seguía allí, de espalda hacia nosotros.
-Mmm...… parece que la visita aun no se va - terció sarcástico sentándose derecho ante mí aun sin levantarse de su lecho. Junté la puerta para ver si ella no había escuchado los agudos comentarios del pequeño Max. Estaba seguro que el tono de mi colega hacía perfectamente audible sus palabras desde la cocina.
-Sshh! ¡Cállate!- susurré aun observando la espalda de la chica sentada a unos metros de distancia - ¡Seguramente ya te oyó!-
Max me lanzó una mirada de reprobación y movió la cabeza de un lado al otro. Parecía el vivo retrato de Giovanni cuando yo comentaba algo respecto a los ataques contra los humanos.
-Alex, Alex ¡Alex!... tú y tu incansable bestia interna que, diabólicamente maneja muchos de tus pensamientos, serán lo que te lleve al colapso… y al caos – dijo con lástima.
Cuando comprobé que Charlotte parecía estar dispuesta a quedarse para terminar la ensalada de frutas que le había preparado, me senté a un lado de la puerta apoyando mi espalda contra la pared, desde donde podía ver la cocina con mi invitada sin mayor problema. Max se deslizó hacia los pies de su cama.
- ¡Cierra la boca! – solté en un bufido – deja de decir estupideces… - me le quede mirando por un par de segundos tratando de poner cara de molestia. Max levanto una ceja y se llevó una mano al cuello para palparlo, al verlo me acordé de por qué estaba allí y le dije:
-¿te dolió mucho? – sus dos cejas subieron con la sorpresa de mi interrogante y con una cara de indignación cómica dijo:
-¿qué clase de pregunta es esa? – cambió de tono y trató de imitar el mío en un acto de burla:
-¡¿te dolió mucho?! … pero ¡claro que me dolió! ¡Me dejaste inconciente por más de 15 minutos! – chilló y en un abrir y cerrar de ojos estaba cerca de él tapando su boca con mis manos, en un intento desesperado para que Max no hablara más de la cuenta.
-¡Deja de gritar! – Susurre – ¡te oirá!- lo solté con cuidado y él me devolvió una mirada de desconcierto.
-¿Qué tiene de especial esa... mocosa? - susurró con los ojos abiertos aun consternado.
Otra vez me senté apoyado en la muralla. Coloqué la mano en el borde y con un leve movimiento corrí un poco la puerta para asegurarme de que mi invitada me esperaba sentada cerca de la cocina y como supuse, allí estaba ella: de espaldas hacía mi, acariciando todo con sus ojos de piedra preciosa, cada cosa bendecida por su mirada, cada rincón de mi guarida impregnada de su aura cósmicamente anulada...
miércoles, 14 de octubre de 2009
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Cáp. 12: Las extrañas motivaciones de la Chica-Helado
-¿Pero no que ‘Charly’ es nombre de hombre?- mascullé
-¡Si! ¿Qué tiene de malo? ¡Charlotte suena a sabor de helado y yo no soy comestible! – esa respuesta me dejo estupefacto, sentía que ella lo sabía todo, que de alguna forma en algún momento se había dado cuenta de lo que en verdad era yo…Pero traté de guardar la compostura, aun cuando mis nervios se habían convertido en lobos hambrientos y me devoraban desde dentro, debía esforzarme por mantener un perfil bajo:
-¡Muy bien, Charly! ¿Me harías el favor de salir para ponerte ropa seca?-
-¿Cómo te llamas tú? – quizás fue muy luego pedir que saliera del cuarto de baño, aun no confiaba en mí y dudo que lo hiciera si es que seguía insistiendo, por lo que traté de espaciar mis palabras:
- Mi nombre es Alexander, Alexander Thomson- mentí sobre mi apellido. Era algo que estaba acostumbrado hacer con las personas nuevas y posible piezas de caza... mera costumbre.
-¡uhg!- eso parecía un disgusto ¿mi nombre no le agradaba?
-¿Qué sucede?-
-¡No es nada! Sólo que Alexander me suena a las clases de historia- << ¿acaso me comparaba con Alejandro Magno?>>- ¿te puedo llamar sencillamente Alex…? es más moderno y no me recuerda tanto al colegio – imaginé su cara sonriente como hiciera en el puente al verme agazapado mirándola sobre la barra. Mi nombre, aquella trivialidad no me importaba en lo absoluto. No esperó mi respuesta - ¿Te puedo hacer una pregunta, Alex?
-¡claro!- dije con soltura
-¿qué hacías anoche en el Hudson?-
<< ¡Andaba en busca de víctimas para beber su sangre mortal !>> la verdad fue el primer pensamiento que afloró, me mordí la lengua.
-¡estaba buscando a alguien a quien salvar!- una pequeña broma, ella rió una vez más
-¡no! Enserio ¿Qué hacías?- insistió. Dudé un instante.
-Si te digo- traté de que mis palabras sonaran a complicidad y sonreí al decir – no me lo creerías.
-¿Acaso Alex Thomson es un agente encubierto de la CIA?- bromeó, pero pude captar que con esa interrogante ella sentía curiosidad por saber algo más sobre mí, por lo que siguiéndole el hilo a su último comentario, respondí:
-Todo depende de quien quiera saberlo ¿acaso eres de un cuartel enemigo?- aventure aquella broma- al fin y al cabo todos tenemos nuestros secretos…- cambié mi tono a grave- cosas ocultas que a veces hacen estremecer a los demás… por ejemplo-puse un tono aun más serio- ¿se puede saber el por qué de tu decisión tan desesperada?
-¿te refieres a por qué quiero matarme?- su animo travieso desapareció, ahora su voz sonaba seria. Había dado en una fibrilla de su integridad marchita seguramente y debía aferrarme a esa sensación si quería que no se cerrara volviéndose impenetrable:
-¿Qué te llevó a la orilla del puente?- insistí
-¡ah eso!- soltó algo molesta - no es la primera vez que trato de hacerlo, no te sientas tan importante, no eres el héroe numero uno en mi lista de héroes inesperados—
- ¿quieres decir que ya habías intentado esto?- no era sorpresa nada de lo que me había revelado, las marcas en sus brazos decían que ella había intentado quitarse la vida más de un par de cientos de veces.
-Sin embargo, eres el primero que salta de un puente a rescatarme - su tono de voz se volvió sombrío - en mi vida he tratado de: intoxicarme, lanzarme de techos altos, cortarme las muñecas, degollarme, ahorcarme, ahogarme, etc. Pero siempre hay algo que me impide tener éxito - hablaba como si se tratara de un juego bobo - es como si el destino quisiera que no muriera y que me preservara para algo más…-
-¿a sí? - ¿Cuántas cicatrices podía tener tan pequeña criatura?- ¿y como crees que lo impide el destino?
- Siempre me descubre - me figure como alguien que esta en permanente vigilancia para que los reos no escapen de una cárcel o algo por el estilo - o es el viento, o es una persona, o es un árbol o es que tengo tanta sangre que no alcanzo a morir por falta de ella antes de llegar al hospital - al oír esas ultimas palabras, una sensación de ansiedad recorrió mi cuerpo, pero pude contenerme para seguir escuchando:
-¿tú crees en Dios o algo así?- preguntó con un dejo de inocencia en sus palabras
-trato de mantenerme al margen de eso- contesté sin meditar. Nunca estuve ligado mucho a esas creencias, por que además el catolicismo me repugno desde el principio gracias a las enseñanzas del Maestre Giovanni… ¡es que al final! Cualquier religión es un compromiso con la vida y la muerte, el eterno ciclo de ambas fuerzas de las cuales nosotros solo somos una paradoja irreconciliable: muertos vivos… como zombies sin putrefacción. Hasta aquel ahora no había habido nada que me empujara a creer que después de dejar el cuerpo hay algo más…
- Yo sí- se contuvo de improviso y pensó lo que diría mas adelante- pero no es tanto como el Dios de los cristianos… es algo así como una fuerza que nos mantiene vivos y que tiene un plan’ para nosotros - guardó silencio
-¡Pero eso no explica por que no quieres seguir ese plan!- repuse.
-¿Nunca haz sentido que no perteneces aquí?- aclaro la garganta - ¿que tu lugar es otro y no este?
- Bueno yo…- esa sensación me era completamente ajena, eso se lo reservan los humanos que no pueden cambiar de dirección tan rápido como nosotros, ya que tienen otras necesidades vitales y son incapaces de caminar varios días sin comer ni beber. Es por eso que pensaba que existía solo una ley que regia mi andar eterno ‘solo es así y punto’ y no había ninguna otra explicación para hacer lo que yo hacía. Pensé un poco más, al fin y al cabo esta mentira que me convertía en un homosexual podía servirme de algo:
- cuando era pequeño me sentía así… tu sabes, el gusto por los compañeros de curso, mi padre rigorista, mis hermanos que me hacían sentir diferente… ahora son pocas las veces que me siento así- otra mentira, por lo menos debía aparentar entenderla.
-esa sensación de no pertenencia a ninguna parte es lo que me motiva…pero… siempre existe algo queme detiene en mis intentos por ser libre y salir de la rígida estructura que se planea para mi-
-¿solo quieres morir y ya?-
-¡no! ¿Es que acaso no lo ves? Lo que quiero es poder elegir mi vida y no que otra cosa la elija por mí-
-¡pero eso es imposible!… ¡es como querer elegir a tus parientes y ese tipo de cosas!- era completamente descabellado lo que proponía, pero ella continuó:
-Por eso no vale la pena vivir ¿si otros eligen tu vida tan omnipotentemente para qué vivirla si no te va a gustar?- estas deducciones parecían tan vacías que pensé que algo más tendría que estar ocultando… pero no quise indagar más a fondo así que seguí su pensamiento:
-¿pero como sabes que ‘ellos’ o ‘él’ eligen por ti? Nadie sabe si los dioses existen- mi voz sonó fuerte y vi desde el pasillo que Maximilian se movía un poco tratando de recobrar el sentido.
-¡Los dioses y esas fuerzas existen y tienen un jodido plan para nosotros! Un maldito plan diabólico y sádico para su condenada entretención y una prueba de ello es que yo esté aun aquí vivita y coleando después de todas las veces que he intentado no hacerlo –
Su lógica parecía innegable y pronto descubriría el por qué de que el destino se empeñara en protegerla tanto de la muerte y claro, los sucesos que impulsaban sus drásticas acciones.
Maximilian se puso de pie a duras penas. Su magullado rostro me hizo sentir mal y tapándose la cara paso por al frente mío sin siquiera lanzarme una mirada de reproche para dirigirse a su habitación. Decidí levantarme e ir a ver como estaba, pero la voz de mi invitada me detuvo:
-¿qué clase de persona eres tú?-
Una interrogante que me sacó del sopor en el que había caído durante su estar mudo << ¿Qué pudo haber descubierto dentro de la habitación que uso exclusivamente para bañarme?>>
-¿Por qué preguntas eso?- dije preocupado.
-es que estoy viendo y aquí solo hay cepillos de dientes un par de peinetas y toallas – contestó con son sorprendido.
-¿y que tiene de malo eso? ¿Esos no son los artículos que la gente normal tiene en sus baños?
-Si, es cierto… pero no hay jabón, ni papel higiénico, shampoo, desodorantes, pasta de dientes… mucho menos cremas o cosas de uso más cosmético como algún perfume-
Es cierto que por ser un muerto viviente es lógico pensar que debería heder a descomposición, pero yo soy eterno y jamás he despedido efluvio alguno. De hecho estar cerca de mí es como estar cerca de una fuente de agua limpia: inodoro y fresco, por que, aunque no soy tan frío como una roca, mi temperatura por lo general tiende a ser mucho menor que la de un mortal común y corriente, así que mi esencia es igual a respirar aire frío, sin nada más que ofrecer que una agradable sensación cuando se esta acalorado… es como respirar cerca del agua…
-Pero…- creí estar en aprietos pero pronto recordé que estábamos a fin de mes y dije- bueno es que aun no nos pagan como para comprar muchas cosas… jejeje -reí complicado, espero que no lo halla notado- ¡además! ¿Para qué queremos perfumes si pasamos todo el día rodeados de olores intensos y dulces en la boutique?...
-Ahá!- no pareció muy convencida con mi repuesta y agrego- ¿y como lo hacen con el papel higiénico?- ¡rayos! ¿Cómo explicar la ausencia de algo que no debería escanear en ningún baño?... solo pude decir lo primero que se me ocurrió:
- bueno… esa es una historia muy cómica… antes de entrar al baño tenemos que tomar un papel de diario y empezar a… suavizarlo- (^.^U) ¡argucias, argucias! ¿Qué seríamos sin ustedes?
Pude escuchar una carcajada desde adentro, me sentí aliviado por un momento, había podido salvar un obstáculo de una manera muy ingeniosa y podía abanicarme ya que con esas respuestas podía evitar muchas mas preguntas.
-¿Qué hora es?- lanzó de pronto
Exhalé pesadamente puesto que el único reloj en todo el departamento, aparte de los dos flamantes celulares que Max y yo habíamos adquirido por un ‘convenio’ con unos colegas de raza en la compañía telefónica, era el que estaba sobre el mueble del living y me levanté a verlo.
-¡Si! ¿Qué tiene de malo? ¡Charlotte suena a sabor de helado y yo no soy comestible! – esa respuesta me dejo estupefacto, sentía que ella lo sabía todo, que de alguna forma en algún momento se había dado cuenta de lo que en verdad era yo…Pero traté de guardar la compostura, aun cuando mis nervios se habían convertido en lobos hambrientos y me devoraban desde dentro, debía esforzarme por mantener un perfil bajo:
-¡Muy bien, Charly! ¿Me harías el favor de salir para ponerte ropa seca?-
-¿Cómo te llamas tú? – quizás fue muy luego pedir que saliera del cuarto de baño, aun no confiaba en mí y dudo que lo hiciera si es que seguía insistiendo, por lo que traté de espaciar mis palabras:
- Mi nombre es Alexander, Alexander Thomson- mentí sobre mi apellido. Era algo que estaba acostumbrado hacer con las personas nuevas y posible piezas de caza... mera costumbre.
-¡uhg!- eso parecía un disgusto ¿mi nombre no le agradaba?
-¿Qué sucede?-
-¡No es nada! Sólo que Alexander me suena a las clases de historia- << ¿acaso me comparaba con Alejandro Magno?>>- ¿te puedo llamar sencillamente Alex…? es más moderno y no me recuerda tanto al colegio – imaginé su cara sonriente como hiciera en el puente al verme agazapado mirándola sobre la barra. Mi nombre, aquella trivialidad no me importaba en lo absoluto. No esperó mi respuesta - ¿Te puedo hacer una pregunta, Alex?
-¡claro!- dije con soltura
-¿qué hacías anoche en el Hudson?-
<< ¡Andaba en busca de víctimas para beber su sangre mortal !>
-¡estaba buscando a alguien a quien salvar!- una pequeña broma, ella rió una vez más
-¡no! Enserio ¿Qué hacías?- insistió. Dudé un instante.
-Si te digo- traté de que mis palabras sonaran a complicidad y sonreí al decir – no me lo creerías.
-¿Acaso Alex Thomson es un agente encubierto de la CIA?- bromeó, pero pude captar que con esa interrogante ella sentía curiosidad por saber algo más sobre mí, por lo que siguiéndole el hilo a su último comentario, respondí:
-Todo depende de quien quiera saberlo ¿acaso eres de un cuartel enemigo?- aventure aquella broma- al fin y al cabo todos tenemos nuestros secretos…- cambié mi tono a grave- cosas ocultas que a veces hacen estremecer a los demás… por ejemplo-puse un tono aun más serio- ¿se puede saber el por qué de tu decisión tan desesperada?
-¿te refieres a por qué quiero matarme?- su animo travieso desapareció, ahora su voz sonaba seria. Había dado en una fibrilla de su integridad marchita seguramente y debía aferrarme a esa sensación si quería que no se cerrara volviéndose impenetrable:
-¿Qué te llevó a la orilla del puente?- insistí
-¡ah eso!- soltó algo molesta - no es la primera vez que trato de hacerlo, no te sientas tan importante, no eres el héroe numero uno en mi lista de héroes inesperados—
- ¿quieres decir que ya habías intentado esto?- no era sorpresa nada de lo que me había revelado, las marcas en sus brazos decían que ella había intentado quitarse la vida más de un par de cientos de veces.
-Sin embargo, eres el primero que salta de un puente a rescatarme - su tono de voz se volvió sombrío - en mi vida he tratado de: intoxicarme, lanzarme de techos altos, cortarme las muñecas, degollarme, ahorcarme, ahogarme, etc. Pero siempre hay algo que me impide tener éxito - hablaba como si se tratara de un juego bobo - es como si el destino quisiera que no muriera y que me preservara para algo más…-
-¿a sí? - ¿Cuántas cicatrices podía tener tan pequeña criatura?- ¿y como crees que lo impide el destino?
- Siempre me descubre - me figure como alguien que esta en permanente vigilancia para que los reos no escapen de una cárcel o algo por el estilo - o es el viento, o es una persona, o es un árbol o es que tengo tanta sangre que no alcanzo a morir por falta de ella antes de llegar al hospital - al oír esas ultimas palabras, una sensación de ansiedad recorrió mi cuerpo, pero pude contenerme para seguir escuchando:
-¿tú crees en Dios o algo así?- preguntó con un dejo de inocencia en sus palabras
-trato de mantenerme al margen de eso- contesté sin meditar. Nunca estuve ligado mucho a esas creencias, por que además el catolicismo me repugno desde el principio gracias a las enseñanzas del Maestre Giovanni… ¡es que al final! Cualquier religión es un compromiso con la vida y la muerte, el eterno ciclo de ambas fuerzas de las cuales nosotros solo somos una paradoja irreconciliable: muertos vivos… como zombies sin putrefacción. Hasta aquel ahora no había habido nada que me empujara a creer que después de dejar el cuerpo hay algo más…
- Yo sí- se contuvo de improviso y pensó lo que diría mas adelante- pero no es tanto como el Dios de los cristianos… es algo así como una fuerza que nos mantiene vivos y que tiene un plan’ para nosotros - guardó silencio
-¡Pero eso no explica por que no quieres seguir ese plan!- repuse.
-¿Nunca haz sentido que no perteneces aquí?- aclaro la garganta - ¿que tu lugar es otro y no este?
- Bueno yo…- esa sensación me era completamente ajena, eso se lo reservan los humanos que no pueden cambiar de dirección tan rápido como nosotros, ya que tienen otras necesidades vitales y son incapaces de caminar varios días sin comer ni beber. Es por eso que pensaba que existía solo una ley que regia mi andar eterno ‘solo es así y punto’ y no había ninguna otra explicación para hacer lo que yo hacía. Pensé un poco más, al fin y al cabo esta mentira que me convertía en un homosexual podía servirme de algo:
- cuando era pequeño me sentía así… tu sabes, el gusto por los compañeros de curso, mi padre rigorista, mis hermanos que me hacían sentir diferente… ahora son pocas las veces que me siento así- otra mentira, por lo menos debía aparentar entenderla.
-esa sensación de no pertenencia a ninguna parte es lo que me motiva…pero… siempre existe algo queme detiene en mis intentos por ser libre y salir de la rígida estructura que se planea para mi-
-¿solo quieres morir y ya?-
-¡no! ¿Es que acaso no lo ves? Lo que quiero es poder elegir mi vida y no que otra cosa la elija por mí-
-¡pero eso es imposible!… ¡es como querer elegir a tus parientes y ese tipo de cosas!- era completamente descabellado lo que proponía, pero ella continuó:
-Por eso no vale la pena vivir ¿si otros eligen tu vida tan omnipotentemente para qué vivirla si no te va a gustar?- estas deducciones parecían tan vacías que pensé que algo más tendría que estar ocultando… pero no quise indagar más a fondo así que seguí su pensamiento:
-¿pero como sabes que ‘ellos’ o ‘él’ eligen por ti? Nadie sabe si los dioses existen- mi voz sonó fuerte y vi desde el pasillo que Maximilian se movía un poco tratando de recobrar el sentido.
-¡Los dioses y esas fuerzas existen y tienen un jodido plan para nosotros! Un maldito plan diabólico y sádico para su condenada entretención y una prueba de ello es que yo esté aun aquí vivita y coleando después de todas las veces que he intentado no hacerlo –
Su lógica parecía innegable y pronto descubriría el por qué de que el destino se empeñara en protegerla tanto de la muerte y claro, los sucesos que impulsaban sus drásticas acciones.
Maximilian se puso de pie a duras penas. Su magullado rostro me hizo sentir mal y tapándose la cara paso por al frente mío sin siquiera lanzarme una mirada de reproche para dirigirse a su habitación. Decidí levantarme e ir a ver como estaba, pero la voz de mi invitada me detuvo:
-¿qué clase de persona eres tú?-
Una interrogante que me sacó del sopor en el que había caído durante su estar mudo << ¿Qué pudo haber descubierto dentro de la habitación que uso exclusivamente para bañarme?>>
-¿Por qué preguntas eso?- dije preocupado.
-es que estoy viendo y aquí solo hay cepillos de dientes un par de peinetas y toallas – contestó con son sorprendido.
-¿y que tiene de malo eso? ¿Esos no son los artículos que la gente normal tiene en sus baños?
-Si, es cierto… pero no hay jabón, ni papel higiénico, shampoo, desodorantes, pasta de dientes… mucho menos cremas o cosas de uso más cosmético como algún perfume-
Es cierto que por ser un muerto viviente es lógico pensar que debería heder a descomposición, pero yo soy eterno y jamás he despedido efluvio alguno. De hecho estar cerca de mí es como estar cerca de una fuente de agua limpia: inodoro y fresco, por que, aunque no soy tan frío como una roca, mi temperatura por lo general tiende a ser mucho menor que la de un mortal común y corriente, así que mi esencia es igual a respirar aire frío, sin nada más que ofrecer que una agradable sensación cuando se esta acalorado… es como respirar cerca del agua…
-Pero…- creí estar en aprietos pero pronto recordé que estábamos a fin de mes y dije- bueno es que aun no nos pagan como para comprar muchas cosas… jejeje -reí complicado, espero que no lo halla notado- ¡además! ¿Para qué queremos perfumes si pasamos todo el día rodeados de olores intensos y dulces en la boutique?...
-Ahá!- no pareció muy convencida con mi repuesta y agrego- ¿y como lo hacen con el papel higiénico?- ¡rayos! ¿Cómo explicar la ausencia de algo que no debería escanear en ningún baño?... solo pude decir lo primero que se me ocurrió:
- bueno… esa es una historia muy cómica… antes de entrar al baño tenemos que tomar un papel de diario y empezar a… suavizarlo- (^.^U) ¡argucias, argucias! ¿Qué seríamos sin ustedes?
Pude escuchar una carcajada desde adentro, me sentí aliviado por un momento, había podido salvar un obstáculo de una manera muy ingeniosa y podía abanicarme ya que con esas respuestas podía evitar muchas mas preguntas.
-¿Qué hora es?- lanzó de pronto
Exhalé pesadamente puesto que el único reloj en todo el departamento, aparte de los dos flamantes celulares que Max y yo habíamos adquirido por un ‘convenio’ con unos colegas de raza en la compañía telefónica, era el que estaba sobre el mueble del living y me levanté a verlo.
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El Narrador
Alexander Chaucer. 1751- ¿? (2da vida)