miércoles, 17 de febrero de 2010

Cáp. 16: ¡¡¡Shock!!! Escenario falso.

-No- le conteste con acritud, examinando su gesto extrañado.

Max se sostuvo de una pared y abriendo la boca soltó una gran carcajada que hizo temblar el vidrio descorrido de la terraza.

-¡Max! ¿Estas ebrio?- en si realmente no sé si se puede considerar ebrio a un vampiro, ya que las veces que pude disfrutar de un exceso de libaciones etílicas jamás experimente la completa perdida de mí mismo, sin embargo la inusitada reacción de Maximilian, aun cuando me molestara de sobremanera, la dejé correr porque en serio parecía algo trastornado.
-¡Hay, hay, Alex! ¡¡¡Tú sí que eres todo un caso!!! Jajaja – siguió riéndose en frente mío - ¡300 años como vampiro y aun no le haces caso a tus instintos más básicos! Jajajaja- dijo entre risas poniéndole un énfasis hiriente a eso de ‘básicos’. Aguardé paciente para ver a qué se refería con sus comentarios, pero no por ello pude evitar hacerme preguntas respecto a mis propias conclusiones ¿Acaso estaba de acuerdo con que debí atacar esa noche en el Hudson? No, no podía ser eso, Maximilian no era del tipo de antropófago que se deleitara con una caza poco pintoresca a pesar de autodenominarse como ‘algo misericorde’ ¿Sería que quería decirme cómo rastrear? ¿Qué cosa podía estar guardándose el pequeño Max que le producía tanta hilaridad?

Su mofa duró mucho más de lo que yo pensé que lo haría. Estuvo carcajeándose por más de 5 minutos antes siquiera de empezar a tomar aire para reírse de nuevo (Bueno, es que además, no es que respirar sea tan importante para nosotros) y yo, estúpidamente, esperé sin mover un solo músculo esos 10 minutos de risas entrecortadas, hasta que no pude aguantar más y exploté:

-¡¡¡Maldición Max!!! ¿Qué es lo tan gracioso?- grité ya perdiendo la compostura, para colmo, él me miro con ojos de sorpresa aun con las manos sobre el vientre demostrando el desgaste que había tenido su incontrolable risa.
-¡Uf! Jm j m jm ¿Y aún lo preguntas? –
-¿Te estas burlando de mí por qué no la encontré? – Le acusé crispando los puños a mis costados - ¿De eso que te ríes?
- ¡no! No es sólo por eso jm jmjm - suspiró para parar de reír y con una mueca de complacencia total conmtinuó- ¿es que todavía no lo sientes? – ahogó otra risita ¿cuánto se podía reír Max? ¿Acaso volvería a retomar su carcajada anterior? lo miré contrariado mientras él se detuvo a contemplar mi perplejidad y bufando explicó:
- Me sorprende que hayas vivido 300 años tú solo, Alex. Eres demasiado racional aun cuando son cosas relacionadas con tus propios impulsos- lo miré desde lejos.
- ¿A qué te refieres con eso? - otro bufido
- ¡Alex! – se llevó una mano a la frente como queriendo decir que lo que sucedía era obvio - ¡Huele! ¡Siente el aire! – hice una mueca, como respuesta hizo un mohín - ¿¡voy a tener que explicártelo?! –
-Eso sería bueno – repuse mientras que Maximilian se acercó con un gesto de comprensión en la cara; me pareció que una parvularia se acercaba a un niño pequeño.
-Cuando tú te fuiste, estabas tan eh… ¿Cómo decirlo?... ¡Tan! Ensimismado con la sola idea de que ella se había ido que no confiaste en las facultades propias de tu especie para ‘ver – hizo comillas con las manos- las circunstancias’.
- ¿Eh? – Exclamé confuso.
- ¡Por favor! - gimió alzando las manos como quien dice ‘Dios dame fuerza’ y al fin soltó lo que tenía que decirme - ¡No te percataste de que la mocosa montó todo un show para que tú reaccionaras así! –

Sentí como abrí los ojos descomunalmente mientras un balde de agua helada me caía encima. Aquella frase resonó en la habitación y al interior mío:

“… montó todo un show para que tú actuaras así…”

Tragué notoriamente esperando que él continuara:
- No olfateaste, no percibiste, solo te lanzaste a correr como condenado por las escaleras cuando Charly todavía estaba aquí -
- ¿St.. est… estas hablando enserio? – fue un susurro tartamudo, la incredulidad me estaba haciendo suyo.
-¿Por qué crees que no te ayudé? – levanto la cabeza con un gesto que puntualizando ese hecho.
- Pues… porque… - había supuesto que él no quería meterse en mis asuntos y por eso se mantuvo a raya. Supuse que había tomado una postura egoísta y me dejaría solo. Pero, para evitar mi tartamudeo inútil, reparé en un detalle pequeño que Max había dejado en el aire.
-¿Charly? – le cuestioné dejando a la vista la familiaridad con que trataba a la ‘mocosa’ que había visto hace dos días atrás.
- ¿No es así como se llama? - me miró desconcertado.
-Si… pero- empecé midiendo bien las palabras que usaría - no te alcancé a decir cual era su nombre…mucho menos como dejó que la llamara… ¿Por qué tanta confianza al referirse a ella? – Maximilian se acercó más y puso sus manos sobre mis hombros. Traté de descifrar su expresión sin resultado.
- Alex trata de entender…- suspiró desviando la mirada sin sacar sus manos de mis hombros - cuando cerraste la puerta del dormitorio - empezó lanzándole una mirada algo nostálgica a la puerta de su habitación - ella aprovechó para abrir la puerta de acceso y rápidamente calculó sus posibilidades de escape – yo aun seguía con mis ojos en su cara - al notar que eran escasas, decidió cambiar de plan y corrió al baño a encerrarse dejando la puerta de entrada abierta… entonces todo quedó de tal manera dispuesto para que tú pensaras que había huido y salieras corriendo detrás de ella dejando en claro qué tipo de pretensiones querías con la chica – sus palabras eran evidentes, Charly me había tendido una trampa y caí como mosca en la miel – debo decir – continuó – que te dejaste en evidencia, Alex. No debiste actuar tan impulsivamente… si, eres racional, pero esta vez demostraste que solo lo eres superficialmente y no piensas antes de actuar o en si, piensas demasiado… - Bajé la mirada sopesando la angustia que me invadía.

Por ningún otro ser humano había sentido esa mezcla de vergüenza, vulnerabilidad aflicción y nerviosismo que sentí en ese momento ¿Quién o qué era esa muchacha? Me sentí cohibido cuando la incertidumbre me embargó ¿Cómo reaccionar ante tales expectativas? Estaba desprotegido y casi desnudo ante un humano que apenas sí conocía. El pequeño Max siguió hablando:
-Sin embargo, la pregunta que cabe citar ahora es la que quizás te devuelva el aliento y… en una de esas el color – ¿A dónde quería llegar con eso?

Estiró uno de sus brazos hasta alcanzar mi barbilla y levantó mi cabeza con uno de sus níveos dedos. Su mirada preocupada me recordó la vez en que discutimos ferozmente luego de que la sed se me declarara en frente de Jane en la boutique. Sólo atiné a abrir los ojos más de la cuenta esperando lo que él tenía que decirme. Se limitó a sonreír y a esperar sin emitir ningún sonido, pero ese estado se esfumó cuando al cabo de unos segundos de silencio abrió la boca para decir:
- ¿no me vas a hacer la pregunta?- mantuvo la sonrisa ante mi semblante perplejo
-¿Cu.. cu... cual pregunta? –tartamudeé. Maximilian entornó los ojos, dejó pasar otro par de segundos y luego me miró intensamente, sin dejar de sonreír:

-¿Cómo sé todo esto? – fruncí el ceño.
Aquella interrogante era tan obvia que la había pasado por alto desde el principio, no me la había hecho durante todo ese tiempo y de un momento a otro varias cosas se me aclararon: porque Max trataba a Charlotte con tanta cercanía, porque él no se había animado a recorrer la mayor parte de Brooklyn y Manhattan conmigo, porque sabía todo lo que había pasado mientras yo no estaba:
-Te quedaste porque la percibiste – afirmé con un hilo de voz.
-¡Hasta que te diste cuenta! – dijo cual pastor evangélico grita ‘¡Aleluya! ¡Aleluya!’ lo que evidenció más mi falta de tino al sacar mis propias conclusiones.
Me soltó para dirigirse a una butaca.

-La encontré saliendo del departamento cuando pensaba que estaba vacío- aun no salía de mi impresión mientras Max estaba sentado con las manos entrelazadas frente a su rostro, una expresión pagada de si misma recorría entero este último.
- Y cuando quiso escapar…tú… tú…- no terminé la frase, su final me era desconocido, pero por mi mente desfilaron varias escenas de los posibles finales, por lo que terminé dedicándole una mirada fulminante a mi colega cuando me di cuenta de que Max pudo perfectamente haberla exterminado y nadie se hubiese percatado de ello. Me preparé para saltarle encima.
-qué demonios le hiciste – gruñí entre dientes.
-¡Alex! No seas tan melodramático – dijo al captar mi postura de furia contenida – Charly esta bien - Maximilian no tenia la menor idea de cuanto me enfermaba que pronunciara ese diminutivo de MI presa – se encuentra en su casa y va a la escuela pública – el futuro académico de Charlotte era una de las cosas que menos me importaban en aquel instante – ese día, me quedé afuera del apartamento para ver si volvías, bien sabía que la muchacha seguía dentro de nuestra casa –hizo una pausa para ver mi expresión. Continuó, esta vez gesticulando más – sentí como se abrió la puerta del baño, pero permanecí apoyado en el muro de afuera aguardando a ver su expresión cuando saliera triunfante del techo que le dio abrigo por una noche – vi cómo su expresión calmada pareció molesta con el solo recuerdo de esa ofensa a la hospitalidad ofrecida – “¿Te vas tan rápido y sin despedirte?” le pregunté tratando de sonar lo más agraviado posible. Ella se detuvo. Por lo que noté no me había visto cuando salio feliz y tan campante desde el umbral de la puerta – su cara se volvió de sorpresa y supuse que imitaba el rostro de Charly cuando ella lo descubrió - “No es eso… es que…” “No tienes que mentirme a mí también” le dije, “solo que como fui educado, uno espera al anfitrión para despedirse antes de salir de cualquier casa”… - me miró fijamente a los ojos y con tono liviano soltó una broma – Te juro, Alex, ella estaba más avergonzada que tú hace un rato…-continuó - Se disculpó por la falta de cortesía y accedió a quedarse para poder darte las gracias… conversamos de esto y aquello y al ver que no llegabas tuve que despedirla yo –

viernes, 25 de diciembre de 2009

Cáp. 15: Obsesa Obsesión

Recuerdo haber corrido como alma que se la lleva el diablo enfilando por las escaleras de emergencia del edificio. Sabía perfectamente que cualquiera que quisiese escapar de una manera rápida tendría que bajar por allí ¡Sí que lo sabía! ¿Cuántas personas no lo habrían intentado antes? ¿Una, 6… 15 quizás? Lo hacían por que esperar que llegara el ascensor era arriesgado y lento, las escaleras eran la mejor opción no cabe duda.

Al salir no reparé en la expresión de Max, pero me percaté de su decisión de no acompañarme cuando crucé el umbral de la escalera de incendio y no lo vi a mi lado. No me importó en lo más mínimo, de hecho ni siquiera me dí vuelta a mirarlo cuando descorrí la puerta de las escaleras, es que la sola idea de esperar otros 300 años antes de encontrar una esencia tan celestial como la que Charly ofrecía tenía el mismo sabor al vacío existencial que los ‘Amos Piadosos’ describían luego de siglos de destierro voluntario en cuevas rodeadas de bosques solitarios para que la tentación del efluvio humano no los hiciera su presa. Pero ¡no! Yo no me compararía con uno de ellos… si no encontraba la manera de preservar esa sangre que recorría a todo galope el interior de mi ingrata visita, si no hallaba la manera de disfrutarla por mil años en el futuro hasta el ‘Fin de los días’… no valdría la pena vivir un minuto más sobre la tierra de los hombres. Había sido testigo de uno de los más grandes tesoros y sin mayores miramientos, el destino, se empecinó en arrebatármelo de las manos.

Fueron dos días agónicos de exhaustiva búsqueda por las calles de Brooklyn y parte de Manhattan alrededor del puente Hudson. La Quinta Avenida nunca me pareció más repleta que aquellos días y las preguntas en mi fuero interno no dejaban de taladrarme el pecho con su angustia oscura: ¿Cómo pudo haberse escapado tan rápido? ¿Cómo era tan difícil captar su presencia divina otra vez? Rendido, agobiado, completamente sumido en el más profundo de los abismos en los que puede caer la moral de alguien cuando ve perdido para siempre su oportunidad para ser medianamente feliz… sintiendo como esta insolente muchacha había escupido sobre mi mano servil, soporté el peso de la derrota que no consigue calma hasta llegar una vez más al departamento.

Al abrir la puerta, que pareció demorarse una eternidad en descorrerse y hacer un hueco lo suficientemente grande para dejarme pasar, noté como el living que hace dos días no había visto no había sufrido ninguna modificación desde mi salida… me pareció vacío y lúgubre aun cuando yo estuviera acostumbrado a esas dos características y de repente me recordó que debía presentarme en el trabajo hace… ¿hace cuanto no iba a trabajar? Por inercia giré la cabeza hacia el reloj sobre la encimera no sin antes sentir una extraña y apremiante sensación de angustia al notar que aquel mismo reloj le sirvió de escusa a Charlotte para poder deshacerse de mi presencia ante puerta y poder tomar la ropa que le ofrecíamos.

2:30 AM, Max debería estar en el Central Park o en algún rincón oscuro disfrutando de sus libaciones vampíricas, pero no me animé a llamarlo y averiguar donde estaba para ir y hacerle compañía… sabía que sonaba a berrinche infantil, pero si no era el cuello inmaculado de la bella Charlotte que quebrara no quería ningún otro por simple desquite.

Caminé a través de la sala de estar y me tumbé en el sofá sumido en contemplaciones confusas. Tarde recordé, sin embargo, que ese mueble había sido tocado por ella y aún su aroma a constelaciones infinitas seguía allí como una memoria dolorosa.
-¡Maldita sea!- mascullé incorporándome rápidamente y sentí cómo una especie de ráfaga colérica fluía hacia mis manos. Tomé un cojín y con rabia lo atravesé de un golpe, no obstante la explosión de plumas no alcanzó a dar abasto para saciar mi sed de violencia e ira aun cuando salpicara hacia todas direcciones, por lo mismo tome otro y otro y los desgarré de diferentes formas, pero la destrucción de las almohadas no era suficiente para contrarrestar el trago amargo y humillante que Charly me había dado a probar, entonces, me estaba preparando para desquitarme midiendo el filo de mis bestiales garras contra la mesa de la cocina cuando:

- Supongo que esta muestra de brutalidad es producto de que no la encontraste después de estar fuera 2 días enteros - dijo la voz burlona que me detuvo, salvando, sea dicho de paso, a la mesita de un trágico final – o ¿es que acaso solo quieres redecorar la estancia con un estilo más… exótico?-

Una risilla pícara llego a mis oídos. De espalda a la puerta de acceso crispé los puños con tal fuerza que no supe como no me herí las palmas. Inhalé con pesadumbre, entonces me llevé las manos a las sienes cerrando los ojos por un momento tratando de tranquilizar aquel impulso que me llamaba a prenderle fuego a todo el edificio y ser testigo de una orgía de masoquismo, decadencia y pirómanos deseos. Exhalé para luego darme vuelta.

Max estaba apoyado contra el marco de la puerta. Una expresión de superioridad le llenaba el rostro como si su sagaz comentario hubiese sido algo por lo que lo premiarían, eso me dio la sensación de que sabía algo de lo que yo no tenía ni idea.

Supongo que mis ojos que, por obvios motivos (recuerda querido lector que al parecer cambian de color con la ira que yo sienta), se habían vuelto rojos, regresaron a su estado de café claro al momento de verlo allí parado. Mi rabia se había ido momentáneamente gracias la inoculación de esperanza muy repentina, quizás hasta apresurada, que encerraba esa postura misteriosa de mi colega.

-Uf! Me dejaste cortándole el pelo a la Señora Brown - repuso con soltura entrando agitando los brazos como queriendo decir que el día anterior habia sido un total fiasco – y créeme –dijo mirándome a los ojos con un brillo travieso – esa mujer si que tiene problemas con el cornudo de su marido – repuso al fin.

Suspiré desviando la mirada haica el desorden que había provocado y que hacía de las suyas escabulléndose como animal herido por entre los recovecos de la casa gracias a que una de las ventanas de la terraza estaba abierta.

- Creí que te gustaba hablar con los humanos y tratar con ellos sus problemas mundanos – le replique con animo de jugarreta y así evitar el tema.

- ¡si!! … pero…mmm... ¡Soy estilista no consejero matrimonial!... además… - puso cara de cachorro triste – Jane y Zeta estuvieron bombardeándome con sus estupideces desde temprano – me abrazó por la espalda susurrándome al oído - y no estabas tú para defenderme querido Alex – se apartó de mí riéndose entre dientes, le correspondí con una mueca. – Creo que iré a dormir – agregó haciendo un resuello y estiró los brazos. Se dirigió hacia su habitación revolviendo aun más las plumas a su paso y de repente se detuvo a medio camino sin volverse hacia mí – a menos que quieras seguir manteniendo esta estimulante charla antes de volver al trabajo –

Emití un leve sonido de molestia y me restregué un ojo tratando de que pareciera un claro signo de cansancio - ¿por qué tan ansioso de comunicación Max? ¿Es que acaso no tuviste suficiente con las emocionantes narraciones de infidelidad de la Señora Brown? - pregunté en un tono pícaro sin evitar torcer los labios en una sonrisa juguetona. Él se volteó, su cara aparentaba más seriedad que nunca.

-¿No quieres hablar sobre lo que hiciste durante estos 2 últimos días?-

¡¡¡Bien!!! ¡¡¡Espectacular!! Casi había logrado convencerme a mi mismo que todo estaba bien y luego llega Max con ánimos de estropearme lo que me queda de existencia ¡esto no podría ser mejor! No obstante, no cambié mi semblante ante aquella molesta interrogante:

-¿Qué hay que hablar? – lo único que quería era rechinar los dientes pero no pude, debía disimular mi obsesa obsesión.

Aunque nunca hubía sido necesario mantener apariencias delante de mi colega… esta vez por alguna razón lo ameritaba. Es decir, siempre delante de otro vampiro uno podía revelar cuanta locura se nos viniera a la cabeza, o sea, nadie podía juzgarte por excitarte con la idea de algún crimen morboso y sádico, esa era parte asumida de nuestra naturaleza era casi un deber pensar de esa manera, pero… algo me decía que Max no entendería lo que sentía en ese momento, siendo sincero, ni yo sabía con claridad qué era lo que me tenía tan perturbado y menos quería relacionarlo con alguna emoción humana, si es que es esa tu conclusión Lector luego de leer estas líneas. No obstante, debía darle crédito al Pequeño Max, el sujeto en cuestión tenía una percepción de la vida bastante perspicaz se podría decir, quizás demasiado, no se le escapaba nada aun cuando me empecinara por hacer 'nada' algo que se me estaba escapando de las manos poco a poco. No, Maximilian había notado que mis intentos por distraerlo de su punto eran torpes y ahogó una risita ante mi propia nariz:

-¿no… no la encontraste? - ¿se estaba aguantando una carcajada? ¿En serio le provocaba tanta gracia verme en ese estado nefasto?

El Narrador

El Narrador
Alexander Chaucer. 1751- ¿? (2da vida)