miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cáp. 12: Las extrañas motivaciones de la Chica-Helado

-¿Pero no que ‘Charly’ es nombre de hombre?- mascullé
-¡Si! ¿Qué tiene de malo? ¡Charlotte suena a sabor de helado y yo no soy comestible! – esa respuesta me dejo estupefacto, sentía que ella lo sabía todo, que de alguna forma en algún momento se había dado cuenta de lo que en verdad era yo…Pero traté de guardar la compostura, aun cuando mis nervios se habían convertido en lobos hambrientos y me devoraban desde dentro, debía esforzarme por mantener un perfil bajo:
-¡Muy bien, Charly! ¿Me harías el favor de salir para ponerte ropa seca?-
-¿Cómo te llamas tú? – quizás fue muy luego pedir que saliera del cuarto de baño, aun no confiaba en mí y dudo que lo hiciera si es que seguía insistiendo, por lo que traté de espaciar mis palabras:
- Mi nombre es Alexander, Alexander Thomson- mentí sobre mi apellido. Era algo que estaba acostumbrado hacer con las personas nuevas y posible piezas de caza... mera costumbre.
-¡uhg!- eso parecía un disgusto ¿mi nombre no le agradaba?
-¿Qué sucede?-
-¡No es nada! Sólo que Alexander me suena a las clases de historia- << ¿acaso me comparaba con Alejandro Magno?>>- ¿te puedo llamar sencillamente Alex…? es más moderno y no me recuerda tanto al colegio – imaginé su cara sonriente como hiciera en el puente al verme agazapado mirándola sobre la barra. Mi nombre, aquella trivialidad no me importaba en lo absoluto. No esperó mi respuesta - ¿Te puedo hacer una pregunta, Alex?
-¡claro!- dije con soltura
-¿qué hacías anoche en el Hudson?-
<< ¡Andaba en busca de víctimas para beber su sangre mortal !>> la verdad fue el primer pensamiento que afloró, me mordí la lengua.
-¡estaba buscando a alguien a quien salvar!- una pequeña broma, ella rió una vez más
-¡no! Enserio ¿Qué hacías?- insistió. Dudé un instante.
-Si te digo- traté de que mis palabras sonaran a complicidad y sonreí al decir – no me lo creerías.
-¿Acaso Alex Thomson es un agente encubierto de la CIA?- bromeó, pero pude captar que con esa interrogante ella sentía curiosidad por saber algo más sobre mí, por lo que siguiéndole el hilo a su último comentario, respondí:
-Todo depende de quien quiera saberlo ¿acaso eres de un cuartel enemigo?- aventure aquella broma- al fin y al cabo todos tenemos nuestros secretos…- cambié mi tono a grave- cosas ocultas que a veces hacen estremecer a los demás… por ejemplo-puse un tono aun más serio- ¿se puede saber el por qué de tu decisión tan desesperada?
-¿te refieres a por qué quiero matarme?- su animo travieso desapareció, ahora su voz sonaba seria. Había dado en una fibrilla de su integridad marchita seguramente y debía aferrarme a esa sensación si quería que no se cerrara volviéndose impenetrable:
-¿Qué te llevó a la orilla del puente?- insistí
-¡ah eso!- soltó algo molesta - no es la primera vez que trato de hacerlo, no te sientas tan importante, no eres el héroe numero uno en mi lista de héroes inesperados—
- ¿quieres decir que ya habías intentado esto?- no era sorpresa nada de lo que me había revelado, las marcas en sus brazos decían que ella había intentado quitarse la vida más de un par de cientos de veces.
-Sin embargo, eres el primero que salta de un puente a rescatarme - su tono de voz se volvió sombrío - en mi vida he tratado de: intoxicarme, lanzarme de techos altos, cortarme las muñecas, degollarme, ahorcarme, ahogarme, etc. Pero siempre hay algo que me impide tener éxito - hablaba como si se tratara de un juego bobo - es como si el destino quisiera que no muriera y que me preservara para algo más…-
-¿a sí? - ¿Cuántas cicatrices podía tener tan pequeña criatura?- ¿y como crees que lo impide el destino?
- Siempre me descubre - me figure como alguien que esta en permanente vigilancia para que los reos no escapen de una cárcel o algo por el estilo - o es el viento, o es una persona, o es un árbol o es que tengo tanta sangre que no alcanzo a morir por falta de ella antes de llegar al hospital - al oír esas ultimas palabras, una sensación de ansiedad recorrió mi cuerpo, pero pude contenerme para seguir escuchando:
-¿tú crees en Dios o algo así?- preguntó con un dejo de inocencia en sus palabras
-trato de mantenerme al margen de eso- contesté sin meditar. Nunca estuve ligado mucho a esas creencias, por que además el catolicismo me repugno desde el principio gracias a las enseñanzas del Maestre Giovanni… ¡es que al final! Cualquier religión es un compromiso con la vida y la muerte, el eterno ciclo de ambas fuerzas de las cuales nosotros solo somos una paradoja irreconciliable: muertos vivos… como zombies sin putrefacción. Hasta aquel ahora no había habido nada que me empujara a creer que después de dejar el cuerpo hay algo más…
- Yo sí- se contuvo de improviso y pensó lo que diría mas adelante- pero no es tanto como el Dios de los cristianos… es algo así como una fuerza que nos mantiene vivos y que tiene un plan’ para nosotros - guardó silencio
-¡Pero eso no explica por que no quieres seguir ese plan!- repuse.
-¿Nunca haz sentido que no perteneces aquí?- aclaro la garganta - ¿que tu lugar es otro y no este?
- Bueno yo…- esa sensación me era completamente ajena, eso se lo reservan los humanos que no pueden cambiar de dirección tan rápido como nosotros, ya que tienen otras necesidades vitales y son incapaces de caminar varios días sin comer ni beber. Es por eso que pensaba que existía solo una ley que regia mi andar eterno ‘solo es así y punto’ y no había ninguna otra explicación para hacer lo que yo hacía. Pensé un poco más, al fin y al cabo esta mentira que me convertía en un homosexual podía servirme de algo:
- cuando era pequeño me sentía así… tu sabes, el gusto por los compañeros de curso, mi padre rigorista, mis hermanos que me hacían sentir diferente… ahora son pocas las veces que me siento así- otra mentira, por lo menos debía aparentar entenderla.
-esa sensación de no pertenencia a ninguna parte es lo que me motiva…pero… siempre existe algo queme detiene en mis intentos por ser libre y salir de la rígida estructura que se planea para mi-
-¿solo quieres morir y ya?-
-¡no! ¿Es que acaso no lo ves? Lo que quiero es poder elegir mi vida y no que otra cosa la elija por mí-
-¡pero eso es imposible!… ¡es como querer elegir a tus parientes y ese tipo de cosas!- era completamente descabellado lo que proponía, pero ella continuó:
-Por eso no vale la pena vivir ¿si otros eligen tu vida tan omnipotentemente para qué vivirla si no te va a gustar?- estas deducciones parecían tan vacías que pensé que algo más tendría que estar ocultando… pero no quise indagar más a fondo así que seguí su pensamiento:
-¿pero como sabes que ‘ellos’ o ‘él’ eligen por ti? Nadie sabe si los dioses existen- mi voz sonó fuerte y vi desde el pasillo que Maximilian se movía un poco tratando de recobrar el sentido.
-¡Los dioses y esas fuerzas existen y tienen un jodido plan para nosotros! Un maldito plan diabólico y sádico para su condenada entretención y una prueba de ello es que yo esté aun aquí vivita y coleando después de todas las veces que he intentado no hacerlo –
Su lógica parecía innegable y pronto descubriría el por qué de que el destino se empeñara en protegerla tanto de la muerte y claro, los sucesos que impulsaban sus drásticas acciones.
Maximilian se puso de pie a duras penas. Su magullado rostro me hizo sentir mal y tapándose la cara paso por al frente mío sin siquiera lanzarme una mirada de reproche para dirigirse a su habitación. Decidí levantarme e ir a ver como estaba, pero la voz de mi invitada me detuvo:
-¿qué clase de persona eres tú?-
Una interrogante que me sacó del sopor en el que había caído durante su estar mudo << ¿Qué pudo haber descubierto dentro de la habitación que uso exclusivamente para bañarme?>>
-¿Por qué preguntas eso?- dije preocupado.
-es que estoy viendo y aquí solo hay cepillos de dientes un par de peinetas y toallas – contestó con son sorprendido.
-¿y que tiene de malo eso? ¿Esos no son los artículos que la gente normal tiene en sus baños?
-Si, es cierto… pero no hay jabón, ni papel higiénico, shampoo, desodorantes, pasta de dientes… mucho menos cremas o cosas de uso más cosmético como algún perfume-
Es cierto que por ser un muerto viviente es lógico pensar que debería heder a descomposición, pero yo soy eterno y jamás he despedido efluvio alguno. De hecho estar cerca de mí es como estar cerca de una fuente de agua limpia: inodoro y fresco, por que, aunque no soy tan frío como una roca, mi temperatura por lo general tiende a ser mucho menor que la de un mortal común y corriente, así que mi esencia es igual a respirar aire frío, sin nada más que ofrecer que una agradable sensación cuando se esta acalorado… es como respirar cerca del agua…
-Pero…- creí estar en aprietos pero pronto recordé que estábamos a fin de mes y dije- bueno es que aun no nos pagan como para comprar muchas cosas… jejeje -reí complicado, espero que no lo halla notado- ¡además! ¿Para qué queremos perfumes si pasamos todo el día rodeados de olores intensos y dulces en la boutique?...
-Ahá!- no pareció muy convencida con mi repuesta y agrego- ¿y como lo hacen con el papel higiénico?- ¡rayos! ¿Cómo explicar la ausencia de algo que no debería escanear en ningún baño?... solo pude decir lo primero que se me ocurrió:
- bueno… esa es una historia muy cómica… antes de entrar al baño tenemos que tomar un papel de diario y empezar a… suavizarlo- (^.^U) ¡argucias, argucias! ¿Qué seríamos sin ustedes?
Pude escuchar una carcajada desde adentro, me sentí aliviado por un momento, había podido salvar un obstáculo de una manera muy ingeniosa y podía abanicarme ya que con esas respuestas podía evitar muchas mas preguntas.
-¿Qué hora es?- lanzó de pronto
Exhalé pesadamente puesto que el único reloj en todo el departamento, aparte de los dos flamantes celulares que Max y yo habíamos adquirido por un ‘convenio’ con unos colegas de raza en la compañía telefónica, era el que estaba sobre el mueble del living y me levanté a verlo.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Cáp. 11: Escrutinio a través de la puerta


Intente acercarme a ella, dando pasos sigilosos en una torpe e impulsiva tentativa para explicarle todo, pero con intensos ojos de cervatillo asustado, tomó la toalla fuertemente y se la puso por delante encogiéndose sobre el sofá. Me detuve.
- ¡¡¿Donde estoy?!!- examinó el departamento con vistazos rápidos- ¡¡¿Quién eres tú?!!- gritó imperativa - ¡¡¿Qué me haz hecho?!!-
No creí que sus ojos tuvieran aun fuerzas para soltar más lágrimas, pero me equivoqué, ya que pronto sinuosas gotas brotaron de aquellos manantiales soberbiamente cargadas de ira y repulsión producto de ‘quién sabe qué’ malos entendidos que se maquinaban dentro de su juvenil mente expuesta a las noticias actuales. Se levantó de su pose encuclillada sobre el sillón, aquel cuadro me hizo tener un flash back donde yo la veía sobre la baranda del puente rodeada de la oscuridad de los focos que nunca funcionaron bien. No atiné a decir nada y estúpidamente me acerque un poco más tratando de darle un aire acogedor a mi rostro en pos de establecer una cierta confianza y tratar de explicar lo que sucedía, pero ella seguramente vio en mi semblante el rostro de un despótico pedófilo, otro enemigo y potencial fuente de abuso.
Retrocedió, aun sobre el sofá fijándose en cada uno de mis movimientos, parecía una fiera a la defensiva.
-¡¡¡No te me acerques!!!-chilló y fue quizás aquel grito el que empujo las clásicas palabras hacia mi boca:
- Calma, calma, no te haré daño – aquella oración que tanto utilice un tiempo como vil artimaña en ese momento no tenía ni pizca de malicia y solo buscaba comprensión. Esta vez no mentía, jamás le vendría en perjuicio, solo quería que se sintiera cómoda y que se vistiera… ya habría tiempo para los ‘otros negocios’.
-¡¿Qué me haz hecho infeliz?! ¡Bastardo, hijo de pu…- un espasmo de dolor a causa del llanto manó desde su interior impidiéndole seguir con los insultos. Buscó rápidamente una forma de escape y considerando que el sofá llegaba a su fin, dio un saltó hacia atrás y cayó cual pluma sobre piso.
-Dej... deja… ¡déjame explicarte!- balbuceé, mientras ella aun con los ojos fuertemente aferrados a los míos palpaba la mesa de junto.
-¡Cállate! ¡Aléjate de mí! ¡Déjame sola!-su hábil mano en su tanteo ciego había encontrado un adorno de vidrio que me lanzó con toda su furia. Al tratar de esquivarlo, noté como ella aprovechaba de huir en dirección al baño y cerraba tras de sí la puerta con el seguro. El adorno se rompió en cientos de pedazos.
Tomé aire para calmarme un poco e impregnar mis próximas líneas con un tono dulce y grato. Camine hacia el baño y toque la puerta diciendo:
-¡Hey! ¡Vamos! ¡Abre la puerta! ¡Aquí estas segura, nadie te tocara ni un solo cabello! ¡No te haré nada!- no sirvió de mucho. Desde dentro escuche su risa, entre histérica e irónica:
-¿Crees que sería tan imbécil de abrirla?... ¿dejar que pases así como así? ¡Me subestimas demasiado, hijo de perra!- escuche sus nerviosos movimientos desde al interior del cuarto de baño- ¡¿Por qué estoy aquí?!.... ¡¿Qué quieres hacerme?!.... ¡¡¡qué me haz hecho!!!- sentía su respiración desenfrenada.
-Tranquilízate un poco… ¡te dará un ataque de asma!- en verdad estaba preocupado. Si conocía bien la anatomía humana, podía estar seguro de que pronto le sobrevendría una hiperventilación. Así que para desviar un poco el tema, traté de utilizar todos mis recursos:
- ¿Por qué desconfías tanto de la persona que te salvo la vida?- esas palabras parecieron dejarla estupefacta <> no obstante, pronto reaccionó estallando en un gemido de indignación y rabia:
- ¡Salvar mi vida! ¡Bastardo, tú solo impediste mi muerte!… la idea era no seguir viviendo- pensó un poco y dijo con voz contrariada- mmmh ¿tú eres el del puente, verdad? Sabía que eras extraño, pero jamás se me hubiese cruzado por la cabeza que saltarías a rescatarme -
Callé unos instantes, para luego decir:
- Solo hice lo que me pareció correcto, de haber sabido que reaccionarias de esta manera te hubiese dejado a tu suerte…- me mordí el labio, aquella era una mentira enorme, ya que jamás la hubiese abandonado aquel día ni por toda la sangre del universo, ni tampoco por la supremacía del vampiro sobre el hombre. -¡Vamos! Sal de allí para que puedas vestirte-
-¿Por qué me salvaste?-esa pregunta no me la esperaba. Su tono quebradizo dejaba en evidencia que estaba sollozando. Sin embargo, su vulnerabilidad no era suficiente para reblandecer un corazón que no late, por lo tanto no era suficiente tampoco para que en un instante de inconciencia le revelara mis verdad intenciones para con ella. De esta manera intente manipular el rumbo de la conversación:
-¿Por qué crees tú que lo hice?- su respuesta no se hizo esperar:
-Por que eres un acosador sexual o un tipo que se maneja en el en el comercio de putas que tiene apuros económicos y no podías perder esta oportunidad – sonreí ante la visión tan acertada que tuve anteriormente de sus pensamientos. Solo era sentido común, desarrollado durante eras milenarias, ver al Otro como algo que te puede causar dolor y displacer ¡que pensamiento tan humanizado!
- ¿Qué puedo hacer para cambiar esta mala impresión?... yo te salve – medite un rato y luego repuse – te traje a mi casa, le di una golpiza a mi- use un recurso desesperado para que confiara en mi – a mi pareja por que creí que se estaba aprovechando de ti y resulto que te estaba dando respiración boca a boca para que consiguieras una segunda oportunidad ¡¿que más quieres que haga?!- traté de sonar indignado con el trato que estaba recibiendo y entonces guarde silencio para acercarme a la puerta y tratar de escuchar sus movimientos al interior de la pieza. Ella caminaba de aquí para allá y cuando se detuvo pareció acercarse a la salida del cuarto para sentarse en el suelo y apoyar su espalda contra la misma portezuela. Al no obtener respuesta alguna seguí hablando, pero baje el tono para que ella se sintiera más cómoda:
-Supongo que no saldrás de allí tan fácilmente – ella rió
-Comprenderás que aun no se crea ese contexto de confianza como para hacerlo- dijo con tono soberbio.
-¿Aun sabiendo de que cualquiera que quisiera violar a alguien buscaría una presa mas fácil que una que esta apunto de saltar en el Hudson o que ya esta flotando sobre él a media noche? ¿No crees que si el tipo quiere aprovecharse de alguien trataría de no arriesgarse a morir por el simple choque del agua fría?- otra vez se escuchó una risita desde el interior del baño.
-Esa lógica no es aplicable para un desquiciado o para un libertino… o para un tipo desesperado al que los de la mafia quieren que les pague cuotas atrasadas- su voz era la de una persona que cree saberlo todo - ¿no lo crees así?
-mmmh! Tienes razón- declaré-pero aquí entre nos , un loco no estaría entablando una conversación tan coherente… un libertino estaría buscando la forma de entrar a fuerza de golpes o de un arma y… un tipo desesperado…mmmh! sabe bien que si se lanza para salvar a una chica en un río corre el riesgo de que la chica este muerta y que él mismo muera en el intento, es decir, no le conviene, por que de todas formas si no consigue su objetivo de traer a la chica de vuelta lo matarán – pensé un momento mis siguientes palabras - yo solo te pido que salgas para que no te enfermes –me pareció que soné un tanto dictatorial en aquel momento, manipular así las cosas y forzarlas en cierto sentido era un truco bajo, pero no me importó y seguí intentando.
Cierta vez, leí una historia para niños en la que el personaje principal era un infante que vivía solo sobre un asteroide. No recuerdo la mayormente la trama del cuento ni mucho menos su final, sin embargo, creo que la descripción de este curioso personaje sigue dentro de mi memoria y recuerdo que su característica principal era la de su testarudez al preguntar reiterativamente por una verdad algo incomoda sin importar cuanto el aludido tratase de desviar la conversación. Esa rememoración desfilo por mi cabeza luego de un casi eterno y molesto silencio al que ella le puso fin reiterando su pregunta:
-¿Por qué me salvaste? - Para ese entonces yo también estaba sentado en el suelo, apoyado contra la puerta. Eran solo 2 pulgadas de madera hueca que nos separaban, pero dentro de mi, sentía que eran kilómetros y kilómetros de una gruesa pared de hormigón armado lo que me mantenían lejos de su alcance.
Su pregunta retumbó en mi mente, ya que empezaba a sentirme un tanto soñoliento. Musité algo ininteligible y ella volvió a preguntar:
-¿Por qué lo hiciste?-
-¿Acaso es un delito haberlo hecho?- repuse.
-No… pero me llama la atención que un supuesto ‘homosexual’ saltara de un puente para salvar a una niña suicida-
-¿es que acaso los homosexuales tienen algún impedimento que no les permite nadar, o buscar niñas suicidas en un río? ¿Qué es lo tan extraño que le encuentras a todo esto?-
- Pues…- dudó <<¡Bien!>> un signo de que mis esfuerzos por debilitar sus rígidas barreras daban frutos – es raro ver que una persona que supongo también quiso alguna vez suicidarse al darse cuenta de lo que era, no le permita a otra persona tomar la misma decisión teniendo en cuenta de lo difícil que es decidirse por matarse-
-No te entiendo- mentí, comprendía perfectamente hacía donde se dirigía el hilo de sus palabras.
-es que… me hubieses dejado morir simplemente en el momento que me lance o mejor me hubieses detenido de mis propósitos antes de hacerlo, pero en vez de eso, antes de actuar como un ser humano normal lo haría: tomándome de la muñeca y bajándome de la baranda, te subiste a ella a preguntarme mis motivos y esperaste a que saltara para ir en mi ayuda-
-ante esa lógica ¿Quién puede negarse?- dije en voz alta, pero ese fue un pensamiento, no una pregunta para ella.
-Entonces ¿me dirás por que me salvaste?- dijo con voz inquisidora- ¿o seguirás tratando de ocultar tus motivos con rodeos torpes?
Esa acusación me ponía en claro que sabía desde un principio el por qué de tantos rodeos, casi llegué a pensar que solo quería que admitiera mi verdadera identidad como ‘Alexander Chaucer, el Vampiro’ solo para comprobar su tesis. No obstante recapacité, aquello era ridículo, solo eran los nervios los que me estaban traicionando.
-Dejémoslo en que aun no creo que sea tu hora – dije. Era la verdad camuflada, en sí no contestaba del todo a su pregunta y cuando me di cuenta de ello temí por la posibilidad de que mi respuesta no fuera suficientemente para su curiosidad. Para mi alivio, ella guardo silencio, un silencio casi pétreo como el de una estatua que no pude soportar por mucho tiempo:
-y… ¿Cuál es el nombre de ‘La dama en el Agua’? – Rió – si es que ya confía algo en la persona cruel que la rescato de las profundidades del Hades-
-Dejémoslo en Charly - dijo con un tono burlesco.


El Narrador

El Narrador
Alexander Chaucer. 1751- ¿? (2da vida)