Me abalancé contra él, caímos uno encima del otro y forcejeamos unos segundos. Giovanni trató de apartarme con un manotazo, pero no pudo, yo lo tenía contra el suelo y de las manos asidas. El bosque estaba sumido en el oscuro silencio de la noche y lo único que se escuchaba eran las hojas secas crujiendo debajo de nuestros exaltados cuerpos... árboles, animales e insectos, todos expectantes al desenlace de la pelea.
-¡¿Qué haces?! ¡Alexander detente! ¡¡¡Reacciona, reacciona!!! – yo reí, recuerdo que esa cara de pánico, aquella única expresión que alguna vez embargo aquel repudiable rostro me complació casi del todo:
-¡Oh, Maestre Giovanni!... quizás sea un buen momento para su juicio... – los ojos de Giovanni se desorbitaron al escuchar la palabra ‘juicio’ implícito en un tono sádico y cruel – recuerde – proseguí, aun con los ojos inyectados de una morbosa y especulativa ira - será tortuoso e inmisericorde.
-¡Alexander! ¡Detente en este instante! – gritó con el ultimo halo de autoridad que le quedaba en su voz.
- Shh shhh shhh! – le chisté suavemente acercándome a uno de sus oídos – la sed de sangre se acabó... es tu carne la que quiero ahora, Giovanni – susurré.
Sentí como sus músculos, en vez de tensarse como esperaba, se relajaron dejando de luchar, fue entonces que esa mueca volvió a su rostro, ese aire de haberlo visto todo, esa infecta cara de aburrimiento y desprecio por todas las cosas en este mundo se implantó en su cara una vez más. Con tono socarrón dijo:
- Sabía que no valías la pena, Alexander. Ni como humano, ni como vampiro la vales – al escuchar esas palabras cargadas de odio no pude evitar enervarme hasta el límite, traduciéndose en una fugaz mordida en el cuello de mi maestro, fue entonces que vi como sus sanguinolentas venas se movían para seguir hablando:
- Eras como el peor de todos los cuervos... lo sigues siendo...- comenzó a atragantarse con sus propios fluidos y a respirar con dificultad. Yo solo lo observaba, aun sujetándole las manos – y eso... fue lo que... me llamo la atención... Recuerda Alexander, sigue así... y no encontraras nada que... que te mantenga vivo... No llegaras... ni... a los 500 años... – ladeó su cabeza ofreciendo mansamente el otro lado de su cuello, como un cordero asustado, mas no le daría en gracia ese estúpido gesto:
- Hay algo que quiero decirle, Maestro Giovanni – traté de limpiarme la comisura de los labios restregándola con el cuello de mi blanca camisa y cuando pude, noté que él solo esperaba lo que tenía que decirle para morir. Recuerdo sus ojos, era como si supiera lo que le diría, pero por lo que pasó después, me puedo regodear de que no fue así:
- Como comida eres mejor – se desorbitaron sus ojos - que de maestro... – y le asesté un golpe con uno de mis puños en la cara para luego vaciarlo como a un vaso de vino.
Matar a un vampiro no es tarea fácil. Cuando su brebaje se termina hay que comerse su carne y sus huesos son cartilaginosos, se pegan entre los dientes y no es una sensación muy placentera. Entre nosotros es penalizado asesinar a uno de los de nuestra especie, pero eso es cuando te vinculan con el cadáver. En mi caso, los restos de Giovanni reposan como cenizas dispersas por toda la Argentina, puesto que al amanecer sus huesos se consumieron como le mejor carbón y luego el viento hizo lo suyo. Para mi desgracia, también se quemaron las manchas de sangre que quedaban en mi ropa, manos y rostro por lo que resulté un tanto chamuscado, pero luego descubrí que nosotros sanamos rápido.
Caminé todo un día hasta llegar a un pequeño poblado. Todavía trastornado por la sed, le prendí fuego a las modestas cabañas y arrasé al pueblo entero. Nadie logró escapar de mí ni de las llamas, por lo que la leyenda como la pérfida criatura chupadora de sangre que soy, quedo en el más absoluto anonimato... mi locura solo vino a amainar cuando comprobé que ni una sola alma entre niños, mujeres y hombres quedaba en ese lugar.
Viajé 5 largos días a través de la Pampa y el Gran Chaco en dirección al norte. El calor era casi insoportable e ignoraba si es que un vampiro podía morir por inanición, deshidratación o insolación igual que cualquier mortal. Aunque no sudé en ningún momento, sentía la camisa pegada a mi piel, seguramente porque estaba tiesa con la sangre de cien pueblerinos muertos mientras que mis zapatos, de cuero fino, quedaron reducidos a sandalias rudimentarias. El Sol me estaba reventando la cabeza y al amanecer del sexto día caí de bruces en el duro y árido suelo del desierto pampino. Desperté con la sensación de que pequeñas manos me registraban. Asustado, ya que por un momento se cruzó por mi mente la idea del Juicio Final del que tanto me habló el infeliz de Giovanni en vida. Creí que los demonios de Belcebú me estaban encadenando para llevarme al infierno, fue entonces que abrí los ojos rápidamente y me encontré con unos pequeños pies flacuchos que no paraban de saltar de aquí para allá. Oía risas aguantadas y susurros de voces infantiles. Me incorporé lentamente, pero al primer movimiento ellos salieron corriendo a unos 3 metros de distancia.
-¡¿Qué haces?! ¡Alexander detente! ¡¡¡Reacciona, reacciona!!! – yo reí, recuerdo que esa cara de pánico, aquella única expresión que alguna vez embargo aquel repudiable rostro me complació casi del todo:
-¡Oh, Maestre Giovanni!... quizás sea un buen momento para su juicio... – los ojos de Giovanni se desorbitaron al escuchar la palabra ‘juicio’ implícito en un tono sádico y cruel – recuerde – proseguí, aun con los ojos inyectados de una morbosa y especulativa ira - será tortuoso e inmisericorde.
-¡Alexander! ¡Detente en este instante! – gritó con el ultimo halo de autoridad que le quedaba en su voz.
- Shh shhh shhh! – le chisté suavemente acercándome a uno de sus oídos – la sed de sangre se acabó... es tu carne la que quiero ahora, Giovanni – susurré.
Sentí como sus músculos, en vez de tensarse como esperaba, se relajaron dejando de luchar, fue entonces que esa mueca volvió a su rostro, ese aire de haberlo visto todo, esa infecta cara de aburrimiento y desprecio por todas las cosas en este mundo se implantó en su cara una vez más. Con tono socarrón dijo:
- Sabía que no valías la pena, Alexander. Ni como humano, ni como vampiro la vales – al escuchar esas palabras cargadas de odio no pude evitar enervarme hasta el límite, traduciéndose en una fugaz mordida en el cuello de mi maestro, fue entonces que vi como sus sanguinolentas venas se movían para seguir hablando:
- Eras como el peor de todos los cuervos... lo sigues siendo...- comenzó a atragantarse con sus propios fluidos y a respirar con dificultad. Yo solo lo observaba, aun sujetándole las manos – y eso... fue lo que... me llamo la atención... Recuerda Alexander, sigue así... y no encontraras nada que... que te mantenga vivo... No llegaras... ni... a los 500 años... – ladeó su cabeza ofreciendo mansamente el otro lado de su cuello, como un cordero asustado, mas no le daría en gracia ese estúpido gesto:
- Hay algo que quiero decirle, Maestro Giovanni – traté de limpiarme la comisura de los labios restregándola con el cuello de mi blanca camisa y cuando pude, noté que él solo esperaba lo que tenía que decirle para morir. Recuerdo sus ojos, era como si supiera lo que le diría, pero por lo que pasó después, me puedo regodear de que no fue así:
- Como comida eres mejor – se desorbitaron sus ojos - que de maestro... – y le asesté un golpe con uno de mis puños en la cara para luego vaciarlo como a un vaso de vino.
Matar a un vampiro no es tarea fácil. Cuando su brebaje se termina hay que comerse su carne y sus huesos son cartilaginosos, se pegan entre los dientes y no es una sensación muy placentera. Entre nosotros es penalizado asesinar a uno de los de nuestra especie, pero eso es cuando te vinculan con el cadáver. En mi caso, los restos de Giovanni reposan como cenizas dispersas por toda la Argentina, puesto que al amanecer sus huesos se consumieron como le mejor carbón y luego el viento hizo lo suyo. Para mi desgracia, también se quemaron las manchas de sangre que quedaban en mi ropa, manos y rostro por lo que resulté un tanto chamuscado, pero luego descubrí que nosotros sanamos rápido.
Caminé todo un día hasta llegar a un pequeño poblado. Todavía trastornado por la sed, le prendí fuego a las modestas cabañas y arrasé al pueblo entero. Nadie logró escapar de mí ni de las llamas, por lo que la leyenda como la pérfida criatura chupadora de sangre que soy, quedo en el más absoluto anonimato... mi locura solo vino a amainar cuando comprobé que ni una sola alma entre niños, mujeres y hombres quedaba en ese lugar.
Viajé 5 largos días a través de la Pampa y el Gran Chaco en dirección al norte. El calor era casi insoportable e ignoraba si es que un vampiro podía morir por inanición, deshidratación o insolación igual que cualquier mortal. Aunque no sudé en ningún momento, sentía la camisa pegada a mi piel, seguramente porque estaba tiesa con la sangre de cien pueblerinos muertos mientras que mis zapatos, de cuero fino, quedaron reducidos a sandalias rudimentarias. El Sol me estaba reventando la cabeza y al amanecer del sexto día caí de bruces en el duro y árido suelo del desierto pampino. Desperté con la sensación de que pequeñas manos me registraban. Asustado, ya que por un momento se cruzó por mi mente la idea del Juicio Final del que tanto me habló el infeliz de Giovanni en vida. Creí que los demonios de Belcebú me estaban encadenando para llevarme al infierno, fue entonces que abrí los ojos rápidamente y me encontré con unos pequeños pies flacuchos que no paraban de saltar de aquí para allá. Oía risas aguantadas y susurros de voces infantiles. Me incorporé lentamente, pero al primer movimiento ellos salieron corriendo a unos 3 metros de distancia.
Eran como unos 6 o 7, pero bien pudieron haber sido 3, estaba seguro de que me sentía tan débil que veía doble, sin embargo pude observar bien que uno de ellos tenía entre sus manos el medallón de oro que el Conde Vlady Draculia de Ucrania me había regalado. Al mirarlo con fijeza, el pequeño escondió el amuleto detrás, en su espalda. Traté de levantarme y al hacerlo, los niños corrieron con todas sus fuerzas. Me tambaleé y cojeé unos dos pasos antes de desplomarme:
- ¡Esperen! ¡Esperen! – grité, pero los niños no se detuvieron, sino hasta verme otra vez tumbado en el piso, solo entonces regresaron a socorrerme. Ese fue el primer gesto altruista que recibí de un humano.
Ellos me llevaron a una humilde choza y allí me procuraron cuidados, velaron por mis heridas (no sin sorprenderse de lo rápido que sané), me alimentaron y me dieron ropa limpia. No les revelé mi identidad; no sería tan estúpido para decirles que era un vampiro, aunque aun dudo que supieran de este termino, ya que hablaban un idioma que jamás logré comprender del todo. Sin embargo, de todas formas presentía que algo sospechaban por las miradas ceñudas de algunos. Viví con ellos durante un tiempo por no tener nada mejor que hacer. Eran amigables y no me molestaban en lo absoluto. Podría dejar al descubierto una pequeña infidencia en este momento: creo que por aquellos meses, años ¡lo que halla sido! experimenté algo parecido a la ‘Paz Espiritual’ que tantos hombres describen. No necesitaba sangre, no necesitaba nada más que mi ropa y el techo que ellos me brindaban. De vez en cuando una niña; no recuerdo su nombre en este instante; me acompañaba. Fuera de sus múltiples intentos para que yo entendiera sus largos monólogos ante mi cara asentida, resultaba simpática y me distraía en las ociosas horas de la tarde. Ella no debió superar los 14 años de edad y, por lo que veía, pretendientes no le faltaban. Así se pasaron las horas, los días se hicieron semanas y las semanas, meses completos. Pero querido lector, puedo decir que todo lo bueno puede volverse una tormenta monstruosa, solo falta que alguien siembre la inseguridad sobre otro...
Yo dormía plácidamente en mi choza asignada, que más bien era un cobertizo con techo de totora y paredes de adobe, pero era un lugar fresco para pasar el agobiante calor del medio día; cuando de repente escuché gritos, sollozos y golpes. Salí a prisa del cuarto y me encontré con que un joven (a quien yo consideraba una especie de prometido de la chica que me acompañaba servilmente) estaba ebrio y sujetaba a mi ‘seudo-compañera’ desnuda por las muñecas. Gritaba, no sé que cosas en su idioma y luego la zarandeó para arrojarla con brutalidad al suelo. Nadie fue a socorrerla, de hecho todos tomaron piedras y se las arrojaron ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso la chica no era virgen? ¿Acaso solo le harían caso a un ebrio que con suerte se podía su propio peso?
No sé si fue el hecho injusto que estaba viendo o fue por que no quería peleas en un estado tan feliz ese, la cuestión es que monte en cólera ciega y emprendí una vertiginosa marcha hacia la muchacha que yacía semi inconsciente en la tierra, luego de recogerla corrí con ella en los brazos hasta mi choza y allí la dejé sobre las mantas que usaba de cama. Una vez más salí y me encontré con el muchacho borracho frente a la puerta. Se acercó tambaleándose y osó hundirme uno de sus dedos en el pecho reiteradas veces gritando como solo un ebrio hace. Aquella actitud dictaminó su sentencia. Estaba tan enfurecido que actué sin pensar en las consecuencias de lo que estaba apunto de hacer. Agarré el brazo del joven y lo doblé hasta escuchar el dulce crujido de su radio al partirse en dos. Ese sonido fue una señal de advertencia para todos los demás; me precipité sobre él y en un minuto ya no tenía nada de fluido en las venas. Al levantarme limpié mis labios con una de las mangas de la camisa que llevaba encima y luego, con ojos burdeos, percibí la mirada aterrorizada de la gente que estaba observando aquella cruenta masacre. La gran mayoría salió corriendo mientras yo gruñía frente a mi choza, mostrando los colmillos magnos propios de los de nuestra clase. Cuando ya casi no había nadie fuera de un refugio prudente ante tal bestia, di media vuelta para ver el cadáver del chico al que acababa de asesinar.
Definitivamente es difícil comprénderlos a ustedes los humanos. Estaba terminando de salvar a una muchacha cuando de repente ella apareció en el umbral de la puerta, aún desnuda y apenas de pie. Al ver el cuerpo inerte del joven que la había maltratado se arrojó ante él y comenzó a besarlo. Lo llenó de sus lágrimas y cuando su mirada alcanzo mis pies, subió los ojos hasta mi cara; mi boca aun tenía restos del brebaje sustraído. Esa no sería la última vez que alguien me recriminara una muerte, me han insultado mucho desde entonces.
Recuerdo haber huido hacia el oeste por el altiplano en busca de algo que hacer, conocí parte de Bolivia y Perú. Viví de cualquier cosa, desde cargador en el puerto de Valparaíso hasta de alcalde en Quito, pasando por mesero y amo de una casa patronal en Lima. Cuando me sobrevenía la sed mataba, destruía, aniquilaba, cuando no, solo era otro transeúnte preocupado de subsistir. Así se me paso desde 1891 (que por cierto pase en Chile durante la guerra de Balmaceda) hasta el 2001, año en que me encontraba en Los Estados Unidos de Norte América pendiente del derrumbe de las Torres Gemelas.
Esa fue mi vida lector, viajé de un continente a otro. Conocí a algunos que como yo, no guardaban algún respeto por la raza humana y a otros, que en cambio les tenían cariño y hasta, algunas veces, envidia. Pero a mí, la inmortalidad me sentaba bien; aun no me cansaba del crujir de sus huesos entre mis salvajes garras y el sabor de vuestra sangre, aun no me hastiaba... yo quería más y más... Sin embargo, debo agradecer a mi particularidad de garrapata, ya que gracias a ella he podido estudiar a la sociedad de hombres y mujeres mortales que aun dominan esta tierra. Siempre es lo mismo con ustedes y hasta ahora nadie me ha podido sacar de la cabeza que por más buenos que sean, siempre hay algo que los hace desviarse de los ‘Buenos Preceptos’ que ustedes mismos se imponen. Durante todos mis años recorridos, fui acogido por esposos que maltrataban a sus esposas, hijas que engañaban a sus novios, hijos drogadictos, hermanos violentos, madres déspotas, abuelas ludópata y abuelos corruptos. Ninguno estaba a salvo, entonces me pregunto: si los sentimientos de paz y amor son de su invención como muchos se jactan ¿Dónde se ven reflejados?... Así mismo, descubrí que toda su literatura esta plagada de falacias y mentiras. Analizando bien, todos los amantes que se sacrifican por el bien del otro, lo hacen solo por mera dependencia y no por verdadero amor. Todos los grandes héroes buscan el prestigio del honor como recompensa y no como su deber. Toda tu cultura lector, es solo una mal parchada obra de segunda clase…
Aunque, por más que diga que vuestra sociedad en verdad me repugna, debo reconocer muy a mi pesar que, de cierta forma extrañísima en ese entonces, una vez tuve un encuentro cercano, quizás un desliz muy profundo, con lo que se podría llamar... amor…
- ¡Esperen! ¡Esperen! – grité, pero los niños no se detuvieron, sino hasta verme otra vez tumbado en el piso, solo entonces regresaron a socorrerme. Ese fue el primer gesto altruista que recibí de un humano.
Ellos me llevaron a una humilde choza y allí me procuraron cuidados, velaron por mis heridas (no sin sorprenderse de lo rápido que sané), me alimentaron y me dieron ropa limpia. No les revelé mi identidad; no sería tan estúpido para decirles que era un vampiro, aunque aun dudo que supieran de este termino, ya que hablaban un idioma que jamás logré comprender del todo. Sin embargo, de todas formas presentía que algo sospechaban por las miradas ceñudas de algunos. Viví con ellos durante un tiempo por no tener nada mejor que hacer. Eran amigables y no me molestaban en lo absoluto. Podría dejar al descubierto una pequeña infidencia en este momento: creo que por aquellos meses, años ¡lo que halla sido! experimenté algo parecido a la ‘Paz Espiritual’ que tantos hombres describen. No necesitaba sangre, no necesitaba nada más que mi ropa y el techo que ellos me brindaban. De vez en cuando una niña; no recuerdo su nombre en este instante; me acompañaba. Fuera de sus múltiples intentos para que yo entendiera sus largos monólogos ante mi cara asentida, resultaba simpática y me distraía en las ociosas horas de la tarde. Ella no debió superar los 14 años de edad y, por lo que veía, pretendientes no le faltaban. Así se pasaron las horas, los días se hicieron semanas y las semanas, meses completos. Pero querido lector, puedo decir que todo lo bueno puede volverse una tormenta monstruosa, solo falta que alguien siembre la inseguridad sobre otro...
Yo dormía plácidamente en mi choza asignada, que más bien era un cobertizo con techo de totora y paredes de adobe, pero era un lugar fresco para pasar el agobiante calor del medio día; cuando de repente escuché gritos, sollozos y golpes. Salí a prisa del cuarto y me encontré con que un joven (a quien yo consideraba una especie de prometido de la chica que me acompañaba servilmente) estaba ebrio y sujetaba a mi ‘seudo-compañera’ desnuda por las muñecas. Gritaba, no sé que cosas en su idioma y luego la zarandeó para arrojarla con brutalidad al suelo. Nadie fue a socorrerla, de hecho todos tomaron piedras y se las arrojaron ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso la chica no era virgen? ¿Acaso solo le harían caso a un ebrio que con suerte se podía su propio peso?
No sé si fue el hecho injusto que estaba viendo o fue por que no quería peleas en un estado tan feliz ese, la cuestión es que monte en cólera ciega y emprendí una vertiginosa marcha hacia la muchacha que yacía semi inconsciente en la tierra, luego de recogerla corrí con ella en los brazos hasta mi choza y allí la dejé sobre las mantas que usaba de cama. Una vez más salí y me encontré con el muchacho borracho frente a la puerta. Se acercó tambaleándose y osó hundirme uno de sus dedos en el pecho reiteradas veces gritando como solo un ebrio hace. Aquella actitud dictaminó su sentencia. Estaba tan enfurecido que actué sin pensar en las consecuencias de lo que estaba apunto de hacer. Agarré el brazo del joven y lo doblé hasta escuchar el dulce crujido de su radio al partirse en dos. Ese sonido fue una señal de advertencia para todos los demás; me precipité sobre él y en un minuto ya no tenía nada de fluido en las venas. Al levantarme limpié mis labios con una de las mangas de la camisa que llevaba encima y luego, con ojos burdeos, percibí la mirada aterrorizada de la gente que estaba observando aquella cruenta masacre. La gran mayoría salió corriendo mientras yo gruñía frente a mi choza, mostrando los colmillos magnos propios de los de nuestra clase. Cuando ya casi no había nadie fuera de un refugio prudente ante tal bestia, di media vuelta para ver el cadáver del chico al que acababa de asesinar.
Definitivamente es difícil comprénderlos a ustedes los humanos. Estaba terminando de salvar a una muchacha cuando de repente ella apareció en el umbral de la puerta, aún desnuda y apenas de pie. Al ver el cuerpo inerte del joven que la había maltratado se arrojó ante él y comenzó a besarlo. Lo llenó de sus lágrimas y cuando su mirada alcanzo mis pies, subió los ojos hasta mi cara; mi boca aun tenía restos del brebaje sustraído. Esa no sería la última vez que alguien me recriminara una muerte, me han insultado mucho desde entonces.
Recuerdo haber huido hacia el oeste por el altiplano en busca de algo que hacer, conocí parte de Bolivia y Perú. Viví de cualquier cosa, desde cargador en el puerto de Valparaíso hasta de alcalde en Quito, pasando por mesero y amo de una casa patronal en Lima. Cuando me sobrevenía la sed mataba, destruía, aniquilaba, cuando no, solo era otro transeúnte preocupado de subsistir. Así se me paso desde 1891 (que por cierto pase en Chile durante la guerra de Balmaceda) hasta el 2001, año en que me encontraba en Los Estados Unidos de Norte América pendiente del derrumbe de las Torres Gemelas.
Esa fue mi vida lector, viajé de un continente a otro. Conocí a algunos que como yo, no guardaban algún respeto por la raza humana y a otros, que en cambio les tenían cariño y hasta, algunas veces, envidia. Pero a mí, la inmortalidad me sentaba bien; aun no me cansaba del crujir de sus huesos entre mis salvajes garras y el sabor de vuestra sangre, aun no me hastiaba... yo quería más y más... Sin embargo, debo agradecer a mi particularidad de garrapata, ya que gracias a ella he podido estudiar a la sociedad de hombres y mujeres mortales que aun dominan esta tierra. Siempre es lo mismo con ustedes y hasta ahora nadie me ha podido sacar de la cabeza que por más buenos que sean, siempre hay algo que los hace desviarse de los ‘Buenos Preceptos’ que ustedes mismos se imponen. Durante todos mis años recorridos, fui acogido por esposos que maltrataban a sus esposas, hijas que engañaban a sus novios, hijos drogadictos, hermanos violentos, madres déspotas, abuelas ludópata y abuelos corruptos. Ninguno estaba a salvo, entonces me pregunto: si los sentimientos de paz y amor son de su invención como muchos se jactan ¿Dónde se ven reflejados?... Así mismo, descubrí que toda su literatura esta plagada de falacias y mentiras. Analizando bien, todos los amantes que se sacrifican por el bien del otro, lo hacen solo por mera dependencia y no por verdadero amor. Todos los grandes héroes buscan el prestigio del honor como recompensa y no como su deber. Toda tu cultura lector, es solo una mal parchada obra de segunda clase…
Aunque, por más que diga que vuestra sociedad en verdad me repugna, debo reconocer muy a mi pesar que, de cierta forma extrañísima en ese entonces, una vez tuve un encuentro cercano, quizás un desliz muy profundo, con lo que se podría llamar... amor…
5 comentarios:
oko ya salio otra de estas cosas.... em... respecto a los dibujos... ya ni sé que chiva decir :X asi que así nu mas
ya eso ...a si! y si puden en vez de hacer un comentario pueden poner reacciones... no se como se hace, pero alli vean... }
esop..
chao...
FEÑA
Puxa Feña!!
me da pena ver el blog, no por ke este feo, ni lo ke escribes sea malo,sino ke por ke ya no escribiré más...Aunke estuve pensando ke podriamos,cuando tenga mi blog, invitarnos a ke cda una publike una entrada en el blog de la otra onda:"El invitado del mes"...la Feña o la Mitchu o la Vale ke tambien tiene blog y ahi uno habla de cualkier wea pa variar
nos lei muy bien lo ke escribiste. pero prometo leerlo con tiempo y hacerte una buena critik literaria(?
no tenia idea ke te gustaran tanto los vampiros 4 años contigo y me ocultaste este secreto xD
YA fEÑIS NOS VEMOS
bye bye
Yubi!
ajajaj feña!!! ya apurate con el otro capitulo xD me dejaste metida pelotua!!!
yy porsiaca...asesinato..es con S no con c darling ;3
ajajajaja tu caxai, va en buena..te amo ;D
cuidate mucho
y sigue escribiendo
aios
holas feñita!!!
*o*!!! omg! moríiii!!!!!
amé a alexander! uyuy! ta shuer bkn tu historia
dios, sabia ke escribias bkn, pero no sabía ke tanto XDDDD
uy, cuando publikes el libro, puedo hacer la protada?
XDDD
io también kedé metia! XDDDD
oie, lo siento!!! ;_; no kiero ke tengas problemas con el dibujito
puxa, nos tenemos que ver ;_;
ay, de veras lo siento
por otro lado *¬* oohhhhh XD alexander
chais!
Naty
Feña Feña Feña:
Si es ke viste mi log ya sabrás ke este es mi nuevo blog!! xD
el mio, el de la YUBI por si caso
Y como te lo prometí aki va mi crítica luego de haber leido los 3 capitulos y el prefacio de tu historia vampiresca.
Me parece que está muy bien redactado, por momentos me olvidaba que Fernanda Zamora lo escribía y me metía totalmente en lo que Alexander narraba,eso es bueno por ke eres capaz de llenar de tensión el ambiente y hacer parte al "lector" de la historia.Se nota ke antes de empezar a escribir te informaste bien.Mejoras tus faltas de ortografía, pero un error feo es lo de "acecinar" es con "s" Feña xD.Vas bien encaminada sin embargo, me es imposible no hacer el enlace hacia otros escritos como Crepusculo, kizás sea lo más notorio, el vampiro, que como dejaste en la contnuación hacia la cuarta parte,se enamora, debo decir ke eso fue critcado por mucha gente, pero bueno, va en ti y en la manera en ke desarrolles el texto como irá a kedar. Otro intertexto es la analogía ke hiciste con Alexander y una garrapata que como ambas sabemos es la misma ke se le hace a Grenouille en "El Perfume", y lo último la manera en ke el protagonista se sale de su universo narrativo y le habla directamente al "lector" es una técnica ke ocupa Burguess en "La Naranja macánica" y más explicitamente Nabokov en "Lolita", pues tambien habla de "lector". Pero bueno son cosas ke conciente o inconcientemente se hacen, pero como dice Barthes cada texto es una red tejida por otros textos, es imposible ya crear algo nuevo xD
Ya listo, espero ke te sirva lo dicho, es en todo mi afan por ayudarte te kiero mucho feña sigue ke igual me dejaste metida en la historia xD y espero tu comenterio en el mio
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