sábado, 22 de agosto de 2009

Cáp. 9: el perro del hortelano 'No come ni deja comer'


- ¡A un lado! Yo me encargo - replicó Max apartándome de un manotazo y se acercó a la chica como si fuera cualquier cosa y no como la musa inspiradora de lo que podría llegar a ser una escena de cine gore.
- ¿Qué piensas hacer? - dije intrigado. Ella era mía, mi presa y nadie podía tenerla más que yo. Lo detuve colocando mi mano sobre su hombro a mitad de camino mientras que él respondió a eso volteándose para verme de frente.
-¿Y tu que crees que hago? ¡Le pondré ropa de muñeca como a cualquier juguete! - me contestó con simpleza encogiéndose de hombros y safándose de mi.
-Pero es que….– él se detuvo antes de agacharse cerca de ella… preparándose para desabrochar el cierre del vestido a uno de sus costados.
-¿Qué pasa, Alex? …¿temes por la integridad de tu comida? – esbozó una sonrisa traviesa. Crispé los puños, apreté los parpados y me vi obligado a cederle el derecho de cuidar a la chica a Maximilian
-Solo… ten cuidado- musité.
Max me miró comprensivamente, supuse que entendía lo complicado que era para mí hacer eso.
-Descuida – me tranquilizó con un tono suave – no le haré nada – su cara era seria al momento de voltearse, lo que no significó que yo me calmara solo por eso, no sabía si confiar en él.
Observé inquieto como de a poco la cremallera bajaba, era toda una tortura el sonido emblemático de aquello, ya que simbolizaba todo lo que yo no podía hacer en esa situación… relegado a solo formar parte del contexto como testigo, me sentí tan inútil como un florero: servil solamente para adornar una estancia.
Intrincados movimientos iban a dejar el paso libre para descubrir sus dos sinuosas colinas puras y redondas. No obstante, Maximilian, debió tener claro qué clase de ímpetu habría provocado el solo hecho de destapar el torso casi maduro de la muchacha delante de mis ojos, es por eso quizás que antes de descubrirlo, se levantó para arrebatarme la toalla de las manos y la colocó encima sobre el vestido aún húmedo de la niña. De esta manera ninguno de los dos vería la completa desnudez de mi invitada, puesto que hábilmente, el pequeño Max, sacaría por debajo el vestido.
-¡Así podrás sentirte más tranquilo! ¡Yo no la veré y tú tampoco! –
Pero lo que Max no intuía era que detrás de la sonrisa que el dediqué luego de su comentario, dentro, en la mente la imaginación inescrupulosa jugaba con la ilusión de mí apartándolo de un solo golpe, alzando violentamente la toalla al suelo y desgarrando por completo aquel empapado vestido para luego acariciar esa carne de chirimoya inmaculada... ¡Si! Era yo tomando entre mis brazos a esa débil criatura… era yo jugando con sus dulces y delicados movimientos… para luego dar el zarpazo final…
…Acércate, pero no mires. Mira, pero no toques…Toca… y será lo ultimo que recuerdes…

De tanto en tanto, Max se volvía para ver lo que yo estaba haciendo. Supuse que en alguna parte de su cabeza la idea de que volublemente le saltara encima no era una posibilidad tan desquiciada, sino que por el contrario era casi una verdad. No sé si le habré dado indicios de lo que pensaba en ese momento, pero días más tarde, el chico me diría que mis ojos tenían un color buerdeo intenso, el color que tomaban cada vez que la caza para mí se hacía entretenida.
Pasó un rato tratando de arremangar el vestido y al momento de descubrir la ingle, el muchacho me miró con ojos demasiado serios en él:
-Será mejor que vallas a buscar una de las camisas del armario – mi postura fue firme y tajante; por mi cabeza desfilaron un millón de posibilidades de lo que el chico podría llegar a hacer durante mi ausencia: ¿Max y Ella solos? ¡Jamás! Eso no estaba permitido, no en mi mundo, no hoy ni mañana ni en ninguna otra ocasión. Definitivamente no me movería de aquel sitio, así mi codicia de grande era: había encontrado un tesoro y no dejaría que nadie tomara un solo pedazo de lo que por derecho me pertenecía. Mi deber, mi misión, mi grañidísima obsesión: es mía y no la tocaran aun cuando yo tampoco lo haga… ¿Me dices egoísta?... prefiero que me llames: Precavido.
- Descuida, quédate tranquilo – Max torneó los ojos como queriendo decir ‘Otra vez con el mismo cuento’ – Sé controlarme ¿recuerdas? – Hizo un mohín al ver que no me convencía y prosiguió - ¡hay por favor! Aquí… entre nos – me señalo a mi y a él - la persona que menos cambios de animo presenta soy yo… ¡Además! –Dijo despreocupadamente - después de hablar con Sebastian fui al Central Park donde estuve degustando diversos platillos – su boca se abrió en una sonrisa plagada de filosos dientes blancos – estoy satisfecho y yo no soy de esos que andan por la vida pecando de gula… como ‘Otros’ ¿No lo crees querido Alex? – usó ese tono irónico de nuevo.
Lo observé con desconfianza. Creo que Maximilian llego a concluir que con esa mirada, yo pretendía descubrir si él mismo se detendría alguna vez a tomar algo en serio, pero como no lo hizo, puesto que su cara empezó a mostrar signos de aburrimiento como el de cualquier niño en una sala de espera. Entonces solo supe decir:
-Ten mu-cho cui-da-do con lo que ha-ces – me fui al dormitorio por la ropa pedida.
Traté de terminar con esa tarea lo más rápido que pude. No escatimé porte, color… nada, si la chica se despertaba, seguramente lo haría vestida como un rapero o como un payaso de circo. Solo tomé lo primero que vi: una camisa y unos pantalones de buzo. Luego salí de la habitación con ambas prendas en el antebrazo…

La escena con la que me encontré… no tuvo nombre.
No sé si fueron celos, no sé si fue solo rabia o egoísmo tiránico lo que recorrió mi cuerpo e hizo que aumentara la presión en mi cabeza en aquel momento. Lo que si sé, es que sentí cómo se me revolvió el estómago, cómo la sangre se congeló e hirvió al mismo tiempo en mis venas sobrenaturales. Sentí como la ira llenaba cada poro de mi piel y cada minúsculo centímetro de tejido corporal.
¿Sabes algo, lector? Debo admitir que de entre todas las cosas que desconozco, una de las que más me sorprenden es el origen del paranoico pensamiento que uno desarrolla al ver en los demás a enemigos y rivales… de ver en todos ellos a la competencia
¿De donde sale el deseo de tener más que los otros? ¿De donde nace la avaricia compulsiva?... Lo ignoro completamente, pero ese sentimiento que a veces obliga ha hacer cosas ruines y corruptas, era el que ahora fluía por mí… un impulso descontrolado… una fiera que no dio previo aviso antes de atacar.

2 comentarios:

ρєqυєñα уυвι* dijo...

Hola hola hola!!!!
Feñis disculpa por la demora, pero más vale tarde que nunca(?
De todas formas me puse al día y leí las dos entradas al hilo, onda maraton de lectura ha sido esta, porke además me leí unos cuentos de Joyce y lo que me escribiste para el blog ^^, que déjame decirte me gustó mucho, un comentario más detallado te lo daré cuenado lo publique, por ahora a lo que vinimos xD
eaeaeaeae esto se está poniendo bueno, la acción se sucita en New York, aun no me queda claro que clases de sentimientos guarda Alex con la niña suicida esta.
En verdad me dejaste super intrigada con el final de lo que escribiste, con que escena se encontró Alex, Max le arrebató la presa? muajajajajaj (risa malevola que no tellega en msn xD)mmm que feo suena eso, en fin :p
Oye Oye me mataste con esta frase: "…Acércate, pero no mires. Mira, pero no toques…Toca… y será lo ultimo que recuerdes…" me imagino que es tuya, esta muy buena te pido permiso para usarla alguna vez y citaré a Fernanda Zamora, en Ninfa Entre Garras xD
Ya estoy difareando... me duele la vista, te dije que leí mucho hoy?, si si te lo dije y te acabo de decir que estoy difareando asi que no pediré disculpas por lo incoherente que ha sido esto :P

Feña... te quiero..
como amiga...
el otro día leía una de esas típicas cartas que uno se escribe entre amigas y en básica siempre me ponían: te quiero mucho...como amiga... y me lo imaginaba recalcado casi como advertencia, como si yo fuera a pensar que me querían como pareja o algo extraño..
Ya wn, ahora si que me voy, lo juro
Estamos en contacto


bye bye

te quiero...
como amiga

Te conté la historia...
parezco vieja loca

Se despide

SiemprePequeñaYubi!

Sweet_Ambition dijo...

dios...siempre cortandome la ispiracón de esa forma tan abrupta xD


ay feñurris...ojala podamos ir el jueves D: todo depende de si la custionesa esta lista o no para ese dia :)


ahi iremos a comer por ahi, casi sin ecatimar gastos XD como el otro dia ajajajajaja

te kero pastela >:)

aios

El Narrador

El Narrador
Alexander Chaucer. 1751- ¿? (2da vida)